Consumo circular, por sentido común

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Ha llegado el momento de explicar con facilidad los beneficios del consumo circular, en el que los recursos naturales no se agotan, sino que se usan una y otra vez.  

Es muy importante que, como pasó con el reciclaje, todo el mundo se apunte con entusiasmo. 

Quienes intentamos promover la participación ciudadana en el cuidado y la mejora del medio ambiente solemos cometer un pecado original: el de resultar incomprensibles. Recurrimos a conceptos exclusivos para transmitir mensajes universales. Olvidamos que el lenguaje debe estar al servicio del mensaje, y nunca al revés.

Huella de carbono, fracción orgánica, movilidad sostenible, smart city: como no lo entiendo, no lo atiendo. Recurrir al uso de esta clase de términos sin descifrar previamente su significado provoca la indiferencia del público. Sin embargo la información que queremos transmitir con dichos conceptos no solo concierne a toda la sociedad, sino que la convoca a la acción.

Uno de los últimos conceptos que estamos socializando sin ser descrito es el de economía circular. Un concepto que, incorporado a nuestros hábitos de consumo, puede dar respuesta al mayor reto al que nos enfrentamos: el de desligar crecimiento económico y agotamiento de recursos naturales. Por eso es tan importante que pongamos todo nuestro empeño en divulgarlo de la manera más coloquial, amena y fácil de comprender.

El reciclaje como ejemplo

Personalmente, siempre que me enfrento al reto de tener que explicar al gran público en qué consiste la economía circular, cuál es su verdadera transcendencia y hasta qué punto nos atañe también como consumidores, recurro al ejemplo del reciclaje.

El reciclaje se ha convertido en un acto cotidiano, es un gesto de civismo que cada vez practica más gente y de cuyas bondades nadie tiene duda. Todos los que separamos las basuras para llevar cada cosa a su contenedor estamos propiciando el avance de la economía circular. Porque aunque es cierto que el mejor residuo es el que no se genera también lo es que, al reciclar sus materiales, los residuos dejan de ser basura.

El actual modelo de consumo está basado en una economía lineal: fabricar-consumir-usar y tirar; volver a fabricar-consumir-usar y tirar. Gracias al reciclaje ese modelo pasa a ser circular. Fabricar-consumir-usar y recuperar. Y con lo recuperado volver a fabricar-consumir-usar y recuperar, una y otra vez.

Esa es la cosa: un círculo que gira sin fin, no una línea recta que se inicia con la fabricación del producto y acaba con el final de su vida útil.

El medio ambiente en el centro del círculo

En la economía circular los recursos naturales no se agotan: se usan. Porque el yacimiento al que acudimos para obtener la materia prima no está en la naturaleza, sino en el propio sistema. Por eso se trata de un desarrollo económico mucho más equilibrado, sostenible y compatible con el cuidado del medio ambiente.

Es más. Aquí el medio ambiente es nuestro aliado principal, no el obstáculo a salvar. Por eso es tan importante perseverar en su restauración y cuidado. Dicho de manera directa y coloquial: sin ecología no hay economía. No importa el ámbito en el que se desarrolle la actividad ni el sector al que pertenezca: el respeto al medio ambiente es un factor vinculante, no una obligación a cumplir, que también.

La revolución de la sensatez

Desde el instante mismo en el que se concibe y se diseña un producto o un servicio, hasta el momento en el que finaliza su vida útil o dejamos de consumirlo, todos estamos llamados a poner de nuestra parte para reducir su impacto ambiental. Por eso es tan importante que los ciudadanos ejerzamos también un consumo circular.

Un consumo basado en el sentido común y la responsabilidad ambiental. No importa el ámbito en el que lo ejerzamos: agua, energía, transporte, ya sean productos o servicios. Porque sin ecología tampoco hay consumo, el camino que se inició con el ecodiseño debe concluir con el ecoconsumo y el tratamiento ambientalmente responsable de los residuos, que solo así dejarán de ser basura.

La Tierra Ecológica Economía Circular

El reto ahora es transmitir este nuevo concepto a la sociedad de la manera más clara y fácilmente comprensible. Para que comprenda la importancia de su participación y la adopte como una contribución personal al cuidado del planeta. Si lo logramos, si conseguimos seducir a la sociedad en su conjunto para que la economía circular deje de ser un concepto teórico y se convierta en una herramienta de participación, iniciaremos esa revolución de la sensatez que debe permitirnos plantar cara a los grandes retos de la humanidad: como el del cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales o el acceso seguro a los alimentos y al agua potable en un mundo con diez mil millones de habitantes.

Por José Luis Gallego

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