Cumbre de París

“Hay que ir pensando en dejar bajo tierra el petróleo y el carbón”

George Monbiot, escritor y periodista ambiental, es autor de Calor: cómo parar el calentamiento global (Ed. RBA)

“¿Vamos a quemar cinco veces más petróleo del que podemos permitirnos?"

"El acuerdo de París no va a llevarnos al punto deseado" 

Por: 
Carlos Fresneda
Londres
12.12.2015
Media: 
George Monbiot / CARLOS ALBA ©

No estuvo en París por temor a otro Copenhague. George Monbiot, el periodista ambiental por excelencia en el Reino Unido, se quedó viéndolas venir en Oxford, desde donde reconoció su sorpresa ante el resultado final, pese a la vaguedad de las intenciones y la falta de compromisos reales, más allá del “límite aspiracional” de 1,5 grados de calentamiento. En la Cumbre de Río, recuerda, había sobre la mesa propuestas más audaces que las que escuchamos estos días en París. Los políticos siguen practicando el “doble lenguaje” ante el clima y la única esperanza, a su entender, es que el movimiento ciudadano crezca y siga presionando hasta debilitar al enemigo innombrable: las energías fósiles.

¿Sirven para algo las cumbres del clima o son inútiles?
No, no creo que sean inútiles. El problema es que no van a llevarnos nunca al punto deseado. Todas las conferencias celebradas desde Kioto se han concentrado en las emisiones de gases invernadero, en vez de desviar la atención a la extracción de combustibles fósiles, que es donde viene la mayoría de esos gases y lo que constituye la raíz del problema. Si te concentras solo en el consumo, acabas ignorando la parte de la producción, y esto va a subvertir cualquier acuerdo. Es como si en las negociaciones de armas biológicas autorizáramos a los países a producir esas armas, y luego tuviéramos que fiarnos de su buena voluntad para que usen solo una parte… La meta que estamos persiguiendo es incosecuente con los medios. El mensaje que estamos trasmitiendo es éste: podéis extraer todos los combustibles fósiles que queráis, pero por favor no los queméis. Me temo que esto no va a funcionar. Hay que ir pensando en dejar bajo tierra gran parte del petróleo y del carbón.

¿Su valoración de la cumbre de París?
En comparación con lo que podía haber sido, es un milagro. En comparación con lo que debía haber sido, es un desastre. El alivio y la celebración del final es un reconocimiento del fracaso que fue Copenhague. El “límite aspiracional” de 1,5 grados de calentamiento global, después de haber sido rechazado tantos años, es tal vez el punto más fuerte. Pero por lo demás todo son vaguedades y no hay compromisos reales para llegar a la meta.

El acuerdo no menciona siquiera a los combustible fósiles, ni mucho menos se habla de ponerle límites a la extracción de petróleo y carbón…
Por el momento, estamos ante un hecho “duro” que nadie se atreve a afrontar: si quemamos todo el petróleo, el carbón y el gas que la industria tiene en reservas o que ha previsto extraer, las emisiones se van a disparar ¿Estamos dispuestos a quemar tres, cuatro o cinco veces más de lo que podemos permitirnos? Pero este es un asunto “no negociable”. A menos que alguien diga “una gran parte de esos combustibles se van a quedar en el suelo”, no vamos a avanzar en la negociación. Llevamos 23 años en el mismo punto.

¿Cree usted que el debate se moverá en esa dirección, con la presión de grupos como 350.org o del movimiento de la “Desinversión en Petróleo?
En términos de opinión pública, yo creo definitivamente que el debate va a ir por ahí. Cuando lancé la idea el 2007 se burlaron de mí: “¿De qué estás escribiendo, idiota? ¿Acaso bromeas?”… Creo que fui el primero en los medios en poner el tema sobre la mesa: hay que poner un límite a las extracciones de petróleo y carbón. Ahora empieza a haber un reconocimieto de que esto es lo que tenemos que hacer. Pero la idea no ha penetrado aún en la conciencia de los Gobiernos. Simplemente, no hay sitio para ago así en unas negociaciones internacionales. Y mientras tanto, gobiernos como el británico están haciendo todo lo posible por maximizar la extracción de combutibles fósiles, en total contradicción con nuestra Ley del Cambio Climático del 2008. Y tenemos similares estrategias en otros sitios. El presidente Obama, sin ir más lejos. Primero da el permiso a Shell para perforar en el Ártico, que es un ecosistema terriblemente frágil. Y unos días después dice en Anchorage que hay terribles amenazas para el Ártico y que el cambio climático está devastando la región ¿Es el mismo presidente Obama? ¿Acaso tiene un doble? ¿O es que hay dos Obamas, uno malo y otro bueno? Creo más bien que estamos ante un hombre en un gran estado de confusión.

¿Los políticos siguen practicando el “doble lenguaje” ante el cambio climático?
Ya lo creo. Uno de los ejemplos más notorios para mí es el Noruega, que presume de país “verde” y que sigue funcionando con los mismos criterios: maximizar la extracción de petróleo. El único país del mundo que curiosamente está siendo esfuerzos signigicativos para dejar parte del petróleo bajo tierra es Arabia Saudita… en un intento de manipular el precio.

España también ha buscado petróleo en Canarias y Baleares…
Es verdad, es verdad. Eso demuestra que todos los países siguen prácticamente la misma estrategia.

¿Hay que cambiar de narrativa ante el cambio climático? Usted prefiere hablar de “ruptura” o “colapso climático”…
Hay que cambiar de estructura mental a hora de afrontar el asunto. “Cambio climático” suena como algo abstracto o neutro. El clima cambia todos los días. Pero lo que estamos causando los humanos es ese punto de “ruptura”, que le da al tema ese sentido de urgencia que la gente no llega a ver.

¿Dos es grados es punto de “ruptura”?
Dos grados es una cifra arbitraria. Hay científicos que piensan que por encima de un grado (que vamos a superar este año) hemos podido superar ya ese punto de “ruptura”. Ya estamos padeciendo los efectos: episodios cada vez más frecuentes de clima extremos, sequías, olas de calor, inundaciones, subidad del nivel el mar. Dos grados es sin duda un mundo más peligroso, pero no tan peligrso como tres o cuatro grados, que es a lo que llegaríamos a finales de siglo con la tendencia actual. Es curioso ver también cómo nuestro horizonte es tan estrecho que solemos hablar del 2100 como el punto final ¿Es que nos negamos a aceptar que habrá un siglo XXII? Alguien tendrá que pensar en las generaciones venideras.

Usted ha hablado también de la necesidad de dar un “giro positivo” al movimiento ambientalista…
Este año marca mi 30 aniversario como informador ambiental, y tengo la sensación de haber sido testigo todo el tiempo de lo aquello que decía Einstein sobre la locura: “Seguimos haciendo lo mismo y esperando distintos resultados”… Es más, yo creo que la Cumbre de Río iba por delante de todo lo que ha venido después, incluido París. Pero no pierdo la esperanza: las soluciones están a nuestro alcance. Digamos que busco razones para el optimismo, y una de ellas es el crecimiento del movimiento del clima. Creo que nos estamos acercando a una masa crítica, pero hay que mantener la presión sobre los gobernantes. Otro rayo de esperanza está en movimientos como el “rewilding”, que es el tema de mi último libro (“Feral”). Lo que propone el “rewilding” es la restauración de los ecosistemas (véase el vídeo), la vuelta a su estado silvestre y natural. La degradación de los suelos es un problema también muy acuciante, que nos puede pasar también factura muy pronto.

¿Sigue creyendo por cierto que la energía nuclear es parte de la solución ante el cambio climático?
Sigo defendiendo que renunciar una energía baja en emisiones como la nucelar es una decisión absurda en medio de una crisis climática. Sustituir la energía nuclear por el carbón, como está haciendo Alemania, es un paso atrás (aunque también están pasando cosas muy positivas en Alemania en el terreno de las renovables). Ahora bien, apostar por una tecnología nuclear del siglo XX en pleno siglo XXI, como ha hecho el Reino Unido, es un auténtico disparate.

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