“El usar y tirar está pasado de moda”

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Paloma García López ha creado en Madrid The Circular Project, el punto de encuentro de los diseñadores sostenibles.

En una antigua mercería de Ventura Rodríguez, por una esas carambolas de la vida, ha fraguado una singular aventura llamada The Circular Project: el punto de encuentro de la “otra” moda posible en Madrid. La tienda/tendencia es el proyecto personalísimo de Paloma García López y de todos lo que ayudaron en este camino nada trillado: desde el señor Domingo (propietario de la mercería) al “ángel” Pedro (que le enseñó las claves del emprendimiento), pasando por los 26 diseñadores sostenibles que colaboran con ella y por el cada vez más frondoso ecosistema capitalino (del mercado social a la Asociación de Empresas de Triple Balance, SANNAS, o al Centro de Innovación Social y Nueva Economía, CISNE).

“La idea que nos inspira es devolver a la naturaleza todo lo que le hemos pedido prestado, cerrando el ciclo de los materiales, logrando que se reúsen, que se reciclen o que vuelvan en su caso a la tierra con el menor impacto”, explica Paloma García López, que aspira a darle una vuelta de tuerca al mundo de la moda con el concepto de economía circular...

“Yo creo sinceramente en el poder transformador de la moda”, asegura. “El reto es enorme y las dificultades saltan a la vista. Pero si logramos cambiar las pautas de producción, distribución y consumo de la segunda industria más contaminante del planeta, todo lo demás cambiará por sí mismo”.

Antes de lanzarse en plancha en el 2105 con The Circular Project, Paloma dio el salto a la moda sostenible con las camisetas con mensaje de El Sinvivir (“el arte del withoutliving”). Antes trabajó durante casi 15 años para una multinacional, y antes se dedicó al periodismo. Aunque lo cierto es que la tradición textil le viene de familia, de modo que lo que ha hecho en estos últimos años ha sido ni más ni menos que cerrar el círculo.

En su faceta de agitadora mayor de la “otra” moda, Paloma puso su grano de arena en el reciente lanzamiento de la plataforma Slow Fashion World (por una moda “lenta”, ética, transparente y sostenible). El Retiro madrileño sirvió por un día de laboratorio para experimentar con ideas como el “upcycling” (reciclar hacia arriba), el “patronaje cero” (sin ningún tipo de desperdicio) o el “triple balance” (económico, ecológico y social).

Algunos conceptos, empezando por el de “economía circular”, no han calado aún en las conciencias de los ciudadanos/consumidores, pero otros como el “Slow Fashion” llevan ya un camino recorrido… “Yo misma no tenía ni idea de lo que era hasta que di el salto. Todo lo que quería era crear un espacio de moda que respetase algo tan elemental como el medio ambiente y los derechos de los trabajadores”

“Pero en apenas dos años he notado como está fraguando un cambio de mentalidad”, advierte Paloma. “Ya no ves campañas publicitarias incitando al despilfarro o con mensajes del estilo: 'Te lo mereces: tira todo y compra de nuevo'. El usar y tirar empieza a estar pasado de moda”.

“Es cierto, siempre habrá gente que compre el calcetín de Primark, como hay que gente que come en el McDonald's”, agrega Paloma. “Pero la conciencia que ya existe ante el “fast food” se está trasladando poco a poco al mundo de la moda. La gente empieza a descubrir lo que hay detrás del “fast fashion”, las condiciones de esclavitud de los trabajadores en la otra punta del planeta y el tremendo impacto ecológico de la ropa”.

La moda sostenible tiene sin embargo un “precio”, como lo tienen los productos ecológicos. “Pero ese precio debería ser asimilable tanto para el productor como para el consumidor”, admite la creadora de The Circular Project. “Para empezar, tenemos que consumir menos, pero consumiendo mejor. La gente tiene que apreciar el verdadero valor de las prendas duraderas, elaboradas con criterios éticos y sostenibles. Y los precios son más asequibles si los pequeños diseñadores tienen cauces para llegar a los consumidores”.

De la mano de Paloma García López, conocemos la marca gallega Alazia Couture, que utiliza fibras lácteas provenientes de las caseína de leche y cera de abejas para conseguir el hilo. O Fancy Sheep, con sus diseños reversibles y sin costura usando algodón orgánico y lana merino. O Idunnbags, bolsos “made in Spain” que incorporan pieles de peces como el bacalao, la perca o el salmón, conservadas después de su consumo y teñidas y curtidas con procesos naturales…

Oriol Rodríguez, con su marca SENSE NU, es uno de los diseñadores predilectos de The Circular Project. Oriol produce y vende desde su “atelier” en el centro de Madrid, y presume de llegar “a un cliente no muy numeroso, pero muy fiel y consciente, que le gusta ver cómo se hace desde un abrigo a una camiseta, y que sabe que puede disfrutar de más ventajas y opciones que en otros canales”.

“Me pueden los principios más que los números”, reconoce Oriol. “Por eso hago malabares para hacerlo del modo que considero más sostenible, con constante dificultad para conseguir con regularidad materiales ecológicos… Siento que la moda realmente sostenible está atrapada dentro de unos parámetros que no le permiten hacerse con un gran nicho de mercado, y solo aquellas que renuncian a alguno de sus principios logran hacerse un hueco mayor”.

Oriol, que ha visto morir por el camino a marcas que nacieron al mismo tiempo, lamenta las dificultades “extras” que existen en España para las pequeñas marcas: “La industria se acercará a una moda más sostenible con el tiempo, sea inicialmente por lavado de cara o por reclamo del cliente, y quizás por una futura conciencia global o por necesidad real. Pero esto no se transformará realmente si no recuperamos el valor de las cosas”.

“Aún nos queda un largo recorrido frente a las marcas 'low cost', pero la moda del futuro solo podrá ser sostenible”, advierte por su parte Rebeca Sánchez, fundadora de la marca de moda infantil Monikako, subida también a la rueda de The Circular Project, con un lema que lo dice todo: “Dejad que los niños cambien el mundo”…

Para Rebeca, el futuro de la moda pasa también por la educación, de ahí que sus prendas inviten a los niños a viajar por el Mississippi o cuidar del Mediterráneo, o a crear conciencia ante el cambio climático: “Tenemos el deber de informar a los niños sobre el impacto social y ambiental de las grandes producciones y de hacerles saber cómo pueden ayudar como futuros consumidores… Y no olvidemos que los niños educan también a sus padres”.

Los números “negros” de la industria textil


1. La industria textil es la segunda más contaminante del mundo, después de la del petróleo. El 20% de la contaminación del agua proviene del tratamiento y teñido de los tejidos. 

2.
La textil es también la segunda industria que más agua consume. La fabricación de un vaquero puede requerir hasta 3.400 litros de agua.

3.
La industria de la moda también contribuye al cambio climático y es responsable del 10% de las emisiones globales de CO2. 

4.
El cultivo de algodón consume el 24% de los insecticidas y el 11% de los pesticidas de todo el mundo. 

5. En el mundo se consumen 80.000 millones de nuevas prendas al año, la mayoría de las cuales acaban siendo desechadas.

6. En Estados Unidos se desechan al año 15 millones de toneladas de tejidos que acaban sobre todo en los vertederos.

7. En el Reino Unido, unas 350.000 toneladas de ropa acaba todos los años en los vertederos. Aunque el 50% de la ropa se puede reciclar, hoy por hoy no se llega al 25%. 

8. El poliéster, la fibra más usada para hacer ropa en el mundo, puede tardar hasta 200 años en descomponerse. 

9. Cada norteamericano desecha al año 35 kilos de ropa. Los españoles desechamos 7 kilos por cabeza.

10. Una de cada 6 personas trabajan en el mundo para el mundo de la moda. El 85% son mujeres y gran parte vive en condiciones de pobreza.

Paloma García López, creadora de The Circular Project. Fotos: Adriana Martí
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