Ellen MacArthur: "La economía necesita un volantazo"

07 Junio 2017
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Ellen MacArthur, navegante británica que logró el récord mundial de navegación a vela en solitario, lidera ahora la transición de la economía líneal a la economía circular.

Recientemente, su Fundación ha anunciado un premio de dos millones de dólares a la innovación en plásticos.

Ellen MacArthur se embarcó en el 2005 para dar la vuelta al mundo en vela y fulminar a su paso varios récords. Lo que no imaginaba era que ese viaje, en el que tuvo que vivir al límite, sería el inicio de una profunda transformación interior. Cuando volvió a tocar tierra, todo parecía girar a su alrededor.

Cinco años después decidió el dejar el timón y adentrarse con pie firme en una nueva y fascinante aventura: la economía circular. “En el bote aprendí las lecciones más básicas de economía: todas las provisiones estaban calculadas día a día”, recuerda.

“El bote era mi vida, y fue así como aprendí a dar valor a los recursos y a no desechar nada. Durante esa durísima travesía me vino a la cabeza el contraste con el modo en que vivimos en tierra, con esos supermercados desbordantes que nos crean la ilusión de un mundo de recursos ilimitados. Me di cuenta que no podemos seguir funcionando así a largo plazo, y decidí hacer lo posible por cambiar las cosas, aunque entonces no fuera ni mucho menos una experta en economía”.

Producir, usar y tirar... La vieja ecuación de la economía "lineal", la misma que ha alimentado la sociedad de consumo, está cayendo por su propio peso. Entramos en la era de la economía circular, que va mucho más allá de la regla de las tres "erres" (reducir, reusar y reciclar) y aspira a emular la dinámica de la naturaleza, donde todo se reaprovecha en un flujo incesante.

La idea de la economía circular lleva dando vueltas desde los años sesenta, cuando Kenneth E. Boulding escribió “La economía que viene en la nave espacial Tierra”. El testigo lo recogió el arquitecto suizo Walter R. Stahel, fundador del Product-Life Institute, promoviendo desde 1976 “la desmaterialización de la economía” y “la optimización del stock”.

La siguiente vuelta de tuerca la dieron Bill McDonough y Michael Braungart, con el concepto "Cradle to Cradle" ("de la cuna a la cuna"). Todos ellos sirvieron como “nutrientes” en el momento de crear en el 2010 la Fundación Ellen MacArthur, que también se reconoce deudora del “capitalismo natural” de Amory Lovins y de la “biomímesis” de Janine Benyus.

“Me parece increíble comprobar que la idea lleva circulando en realidad desde el año en que yo nací”, confiesa la ex navegante británica. “Lo que está contribuyendo a hacerla popular, precisamente ahora, son tal vez las circunstancias en que vivimos”.

“La crisis financiera nos lo puso difícil en el momento de fletar la fundación”, confiesa Ellen MacArthur, arropada por treinta “tripulantes” en tierra y en unas oficinas de sabor marinero en Cowes, en la isla de Wight. “Pero la situación ha servido para que la élite económica abra los ojos, como he podido comprobar estos últimos años en Davos. En épocas escasez, las empresas tienen mucho interés por extraer el máximo valor de los recursos, y eso es algo que está en la esencia de la economía circular”.

“El segundo factor que pesa a nuestro favor es la revolución tecnológica, que nos permite hoy por hoy seguir la pista de cualquier material a través de la cadena de suministro”, asegura MacArthur. “Hay un tercer elemento, también muy importante, y es la nueva generación de consumidores que prefieren el acceso o el uso de los productos antes que la propiedad”.

De todo esto habla Ellen MacArthur en una de esas contadas ocasiones en que toca puerto en su refugio de Wight, reclamada como está en todo el globo para explicar su personalísima singladura...“Estamos viviendo un momento realmente fascinante, de convergencia de todas esas ideas que van a permitirnos un cambio radical en el modo de fabricar y consumir las cosas”.

Para incorporar más y más empresas al barco de la economía circular, Ellen MacArthur lanzó hace unos años el CE100, donde se dan la mano un centenar de compañías comprometidas con el nuevo modelo de producción. Entre ellas, Renault, Philips, Ikea, Unilever, BT, Cisco, Vestas o H&M.


H&M se ha comprometido con la Fundación Ellen MacArthur a ser 100% circular.

“Para un fabricante de coches como Renault, el uso de piezas 'remanufacturadas' supone un ahorro del 80% de la energía, del 88% de agua y del 96% en el uso de productos químicos”, recalca MacArthur, que se apoya en los sesudos informes de la consultora McKinsey & Company para ponerle números al cambio de ecuación. “Si pasáramos de un modelo lineal a uno circular, el sector manufacturero se ahorraría unos 625.000 millones de euros y se crearían decenas de miles de puestos de trabajo, y ése es un factor muy de peso en países como España”.

Con el modelo lineal que funciona hoy en día, tan solo se recupera un 20% de los materiales y se pierde un valor estimado en 1,9 billones de euros en todos los sectores, según el informe “Hacia una economía circular” de McKinsey & Company, que analiza el impacto que el nuevo modelo podría tener en sectores como el textil, la alimentación o la industria empaquetadora.


Ellen MacArthur, en Cowes, isla de Wight.

“La economía circular empieza en el momento del diseño, pero afecta a todas las fases sucesivas de vida de un producto y logra además crear valor para las empresas”, asegura Ellen MacArthur.“ La meta no es solo crear flujos más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente, sino dinamizar al mismo tiempo la economía y crear una situación con la que todos salimos ganando”.

Uno de sus proyectos-bandera es la red de ciudades circulares, a la que pertenecen Londres, Nueva York, Austin, Phoenix, Toronto, Vacouver, Copenhague o Río Janeiro, entre otras. "Las ciudades serán los motores de la transición hacia la economía circular", vaticina. "Mano a mano con la economía digital, y gracias a herramientas como el internet de las cosas, tenemos por fin la oportunidad de acelerar ese cambio sistémico".

Otro de sus caballos de batalla es el plástico… “Después de 40 años impulsando el reciclaje, solo somos capaces de recuperar globalmente el 14% del plástico que se produce. Una tercera parte de acaba contaminando el medio ambiente, especialmente los océanos. Si la tendencia no cambia, puede haber más plástico que peces en nuestros mares en el 2050”.


Una de las prioridades de la Fundación MacArthur: la contaminación de plásticos en el mar. 

La Fundación MacArthur ha convocado el New Plastics Economy Innovation Prize, que premiará con dos millones de dólares a los diseñadores, científicos y emprendedores capaces de idear nuevos materiales, nuevos envases y sistemas circulares que sirvan para paliar el gran problema de la contaminación del plástico.

Le preguntamos a Ellen MacArthur si a la hora de afrontar esta odisea en tierra no ha sentido a veces la tentación de saltar por la borda, ante lo inabarcable que puede parecer la tarea. “La última meta es un cambio sistémico que exige una nueva manera de pensar”, reconoce. “Soy consciente de que es un camino largo y que aún nos queda un largo trecho. Pero estamos trabajando por acelerar la transición y tenemos un buen puñado de compañías a bordo que predican con el ejemplo y nos están sirviendo para ganar tracción”.

Con su energía contagiosa, seguida en todo momento por su perro Norman, Ellen MacArthur revindica a su manera un golpe de timón o más bien “un volantazo” a la hora de mirar y pensar la economía: “Necesitamos a los expertos, tenemos que hacer análisis y más análisis, y convencer a los empresarios con números. Yo llevo cinco años intensos de aprendizaje y no soy quién para opinar, pero es bueno que los no economistas se asomen a la economía. A veces necesitamos ver las cosas con otras lentes”.

El círculo completo

A bordo del trimarán “Castorama B & Q”, Ellen MacArthur estableció en el 2005 el récord mundial de navegación en solitario y sin escalas alrededor del mundo en 71 días, 14 horas, 18 minutos y 33 segundos. “Aquella experiencia me hizo ser consciente lo preciados y valiosos que son los recursos para nuestra propia supervivencia”, asegura la navegadora británica, que se retiró de la alta competición para crear en el 2010 la Fundación MacArthur e impulsar el tránsito hacia la economía circular… “En mis mejores sueños siempre me veía navegando, y aún lo sigo haciendo por puro placer. Dejar la competición fue la decisión más difícil de mi vida; nunca imaginé que llegaría el momento de dar un paso fuera del bote. Pero aquí estoy, en tierra firme y navegando en las intrincadas aguas de la economía. Para mí ha sido el círculo completo”.

 

 

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