Energía limpia, ¿dónde está el problema?

En el último año una serie de políticos alrededor del mundo, sobre todo el Sr. Trump, en los EEUU, han estado insistiendo en la conveniencia económica de seguir utilizando el carbón como combustible fósil, como fuente de energía. 

Seguir quemando carbón es malo para el clima, es malo para la salud de las personas y es malo al destrozar muchos paisajes, tanto en las minas como en las centrales que lo queman. Y es innecesario. 

El argumento que dan estas personas es que seguir quemando carbón mantiene la riqueza de los países, y mantiene la ocupación de mucha gente. 

Estos argumentos necesitan ser debatidos. Es lo mismo que cuando en ciertas partes de España se habla de la “libertad”. ¿Qué es la libertad? ¿Puede haber libertad para matar, para conducir por el carril contrario de los demás, para coger lo que los demás poseen? 

O la “democracia”. Si todo un pueblo quiere invadir a su vecino, ¿es eso democracia? Si el 90% un pueblo quiere quitar su riqueza al 10% restante, ¿es eso democracia? 

Las palabras “libertad” y “democracia” sin más no significan nada. Exactamente lo mismo ocurre con la riqueza. Si una persona habla de la “riqueza”, ¿de qué riqueza habla? ¿De la riqueza de los que sacan el carbón de las minas, de los que lo queman en las centrales o de la riqueza de los ciudadanos de un país?

Lo mismo con el petróleo. ¿Quién disfruta de la riqueza del petróleo? Los dueños de los pozos, de las refinerías, los que venden combustibles, el Estado que cobra impuestos especiales sobre gasolina y gasóleo, y nadie más.

Buena parte de la teoría económica, de hecho, casi el 99%, asume que la riqueza “existe”. De dónde sale, no es de interés para los que exponen y utilizan esa teoría.

Pero si es de interés para el resto de las personas del mundo. Si hay riqueza se podrá repartir, bien o mal, pero se podrá repartir. Si lo que hay es pobreza, no se puede repartir nada. 

Interesa, pues, saber qué es la riqueza y de dónde sale. 

Y la riqueza es, exclusivamente, la disponibilidad de energía. El ser humano, los animales y las plantas, hasta los hongos, que están entre medias de estos últimos, casi lo único que hacen es buscar la riqueza.

En la etapa cazadora recolectora del ser humano, la búsqueda de energía y su disfrute ocupaban el 100% de su actividad. La energía estaba generalmente disponible, salvo etapas recurrentes de escasez: era el alimento, que no es otra cosa más que el medio de introducir energía en el cuerpo humano. 

Durante las etapas recurrentes de escasez, desaparecía una parte de la población humana. Fue esta circunstancia lo que llevó, cuando terminó la última glaciación, a unos grupos humanos a aceptar perder algo de su capacidad de movimiento y su independencia, no de la naturaleza, sino de otros seres humanos, para garantizar la riqueza que proporcionaban las plantas al capturar la energía del sol, y así aumentar la población. 

El aumento de la energía disponible hizo que existiese un surplus de la misma, que podía repartirse o concentrarse, ese surplus, en pocas manos. Para mantener el esquema agrícola basado en los riegos del suelo se precisaba una pequeña estructura jerárquica, que se hizo excesivamente amplia y en gran medida parasítica al conseguir concentrar todo el surplus de energía en muy pocas manos. (Es imprescindible señalar que cuando hablo de “energía” estoy refiriéndome a la energía que proporcionan los granos de cereal, de azúcar, los animales alimentados con pienso.) 

Si una persona controla la distribución de esa energía, se considera como rico o muy rico. Puede incluso comisionar equipos de personas para que extraigan minerales escasos sin que esas personas tengan que cultivar la tierra. Ese “rico” acumula la energía del sol almacenada en los cereales, y los metales (oro y plata, piedras preciosas) extraídos por esos equipos. 

Saltando a la actualidad, el control de la energía supone en gran medida el control de la riqueza. Si queda alguna duda, antes del fracking, los EEUU se consideraban no tan ricos como en los años de abundancia de petróleo: Hoy expresan una y otra vez que con el fracking ha vuelto la riqueza al país. 

Pues bien: La riqueza, es decir la energía solar fósil, almacenada en forma de carbón, petróleo y gas metano es limitada. El fracking en los EEUU terminará en no más de 20 años. El petróleo, salvo en Arabia y en Venezuela, se encuentra cada vez más profundo y es más difícil de extraer: Es decir, su cociente entre la energía extraída o recuperada (ER) y la energía invertida (EI) para extraerla, ERoEI, es cada vez menor. 

Hay una energía disponible en cantidades casi ilimitadas a escala humana: La energía solar directa. En la etapa de la primera revolución energética, la agrícola, hace unos 8.000 años, el rendimiento de las plantas en la extracción de energía tenía un ERoEI de alrededor de 1.50. Hoy la energía solar actual tiene ERoEIs entre 10 y 20, y sobre todo, es inagotable. 

Parafraseando a Adam Smith, la Riqueza de las Naciones es, esencialmente, la cantidad de energía de que disponen. 

Toda la energía que usa España en un año, alrededor de un billón (español, un millón de millones) de kwh, se puede obtener con 10.000 km2 de suelo dedicados a la energía solar (y una derivada de ella que son los aerogeneradores). La superficie de España es de 500.000 km2. 10.000 km2 representa solo un 2% de esa superficie, y pueden elegirse, para la captura de energía solar, aquellos terrenos infértiles que no sirven para otra cosa. 

Si en vez de 10.000 km2, España utilizase 20.000 km2 (un 4% de su superficie, estéril) seríamos unas tres veces más ricos, todos, de lo que somos ahora, pues ahora casi toda la energía que utilizamos se la pagamos a otros. 

Hay que ser tonto del todo para rechazar esta verdad tan elemental, y querer mantener una energía escasa, agotable y contaminante.