Febrero

Febrero, el desconcierto. Todas las resoluciones de año nuevo saltan por los aires. Las ansias de renovación dejan paso a un estado de confusión y perplejidad. Las promesas se diluyen, los sueños se desvanecen. Avanzamos a trompicones en el fango de la realidad, que vuelve por sus fueros.

Febrero, fulero. Mes cambiante y traicionero, propicio para el desvarío y la locura. Siempre a merced de tus amenazantes cielos. Hace más frío que nunca y empieza a hacer calor. Una mano al sol y un pie en el brasero. Y el alma encogida, esperando a que el día decida a qué carta quedarse.

Febrero, fugaz. Dos veces breve, para lo malo y para lo bueno. “Año bisiesto, año siniestro”, dice el refrán. Menos mal que es esta vez nos libramos…

Febrero, el canto tempranero. El mirlo no puede esperar. Cada vez silba más pronto, apremiado por la impaciente primavera. Ni del cambio de estaciones se puede uno ya fiar… Hay quienes ven el mirlo negro como presagio de conflictos y dificultades. A mí siempre me ha sonado a dulce invitación: abandona los planes inalcanzables y déjate llevar por la sabia intuición.

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