La avanzadilla de la simbiosis industrial

24 Mayo 2017
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Manresa en Simbiosis es un proyecto piloto de simbiosis industrial, un nuevo concepto dentro de la economía circular a la que tiende toda Europa. 

Esta iniciativa demuestra que lo que para uno es "basura" para otro es "oro". Todo es reaprovechable si se trajaba en colaboración sinérgica.

Su fábrica de pequeñas piezas de madera para manualidades y decoración está a pleno rendimiento. Denis Boglio, director de Fitaller, muestra una caja llena de descartes de cartón fino y plástico. Esos residuos, cortados y arrugados, son los que utiliza para proteger sus productos cuando los empaqueta para comercializarlos. Antes compraba porexpán y otros plásticos especiales para embalaje. Ahora ya no.

El motivo de este cambio es que Boglio ha entrado en la rueda de la economía circular y ha establecido un acuerdo de sinergia con otra empresa de su entorno. «Antes gastábamos mucho en plástico-burbuja y cartón para el embalaje», explica. «Pero descubrimos una empresa de aquí, Señor, que confecciona trajes a medida. En su proceso de fabricación genera montones de residuos de plástico y cartón muy fino que a nosotros nos van perfectos para hacer los embalajes. Vimos que ellos tiraban ese residuo, que nosotros lo podíamos aprovechar y ahora, cada cierto tiempo, vamos a buscarlo y lo usamos para embalar nuestros envíos». 

 
Denis Boglio, director de la empresa Fitaller.   
 

Con este acuerdo, Fitaller ha logrado reducir un 60% la compra de papel-burbuja y cartón. El primer efecto práctico es el ahorro de costos, «pero también nos ha concienciado. Por eso ahora nos gustaría encontrar a alguien que pueda utilizar nuestros propios residuos. Generamos dos toneladas al mes de madera y de plástico, que en estos momentos van al vertedero», se lamenta Boglio. «El hecho de participar en esta nueva dinámica empresarial nos ha hecho reflexionar y nos sentimos mal al ver la cantidad de residuos que generamos. Cada contenedor de residuos nos cuesta 120€, pero si alguien los pudiera aprovechar, no nos importaría regalarlos, o incluso pagarlos más caros. Pero el volumen es demasiado pequeño para que interese a otra empresa, como una de pellets, por ejemplo».

Tecnium, una empresa vecina dedicada a fabricar instalaciones para líquidos y gases corrosivos volátiles, ha conseguido cerrar un poco más el círculo. En su actividad habitual, compra barras extrusionadas de polipropileno y genera una gran cantidad de desechos plásticos en forma de virutas. Pero han encontrado su «media naranja»: la compañía Lutesor, que fabrica barras y puede convertir las virutas en nuevas barras. Cuando están listas, Tecnium las adquiere de forma ventajosa. Y es ahí donde cierra el círculo, al comprar su propio residuo transformado en nuevo material. Así Tecnium ahorra dinero y el medio ambiente se libra de unas toneladas de indigesta basura.

Hablamos de simbiosis industrial

Esta relación de beneficio recíproco ha sido posible gracias a Manresa en Simbiosis, un proyecto piloto que se inició en 2015 en el polígono industrial de Bufalvent (Manresa) y que tiene como objetivo poner en contacto a diferentes empresas y entidades de la comarca barcelonesa del Bages para que creen una red de conexiones e intercambios que les permita optimizar el uso de recursos de todo tipo (residuos, agua, electricidad, energía e incluso almacenamiento).  

El caso de Fitaller y Tecnium son un ejemplo claro de cómo cambiando ligeramente el proceso productivo, no solo se ahorra dinero, sino que también se consigue reducir la carga de residuos, a los que se da una segunda vida y un valor muy real. Ya no van directos al vertedero. 

«Esto se llama simbiosis industrial y hay experiencias de este tipo por todas partes del mundo. En algunos países, como los del Norte de Europa, lleva ya muchos años implantada», explica Verónica Kuchinow, responsable de Símbiosy y «facilitadora» de esta iniciativa industrial junto a Anna Lluís. En Símbiosy se encargan de analizar los circuitos de las empresas al detalle para mostrarles posibilidades insospechadas. 

 
Verónica Kuchinow y Anna Lluís (derecha), de Símbiosy, en la Associació d'Empresaris Bufalvent.   
 


«Aplicamos los conceptos de economía circular al tejido productivo. El proyecto en Manresa consiste en crear el ambiente adecuado para que las empresas, que tradicionalmente no trabajan juntas, se conozcan y puedan identificar oportunidades de negocio. Una vez en marcha, genera un beneficio económico que hace rentable la actividad de reciclaje y de reutilización, crea nuevos negocios, aumenta la productividad y el ahorro económico, hace viable la gestión conjunta de los polígonos industriales y aporta un beneficio social (asociaciones de comerciantes, escuelas, etc). En realidad, es un cambio de cultura empresarial y requiere una transición, un periodo de adaptación.»

Europa quiere economía circular

La Comisión Europea está marcando claramente el camino: en un continente donde hay una notable escasez de materias primas, por fin se entiende que es una locura ambiental y un dispendio inasumible que los residuos acaben en el vertedero cuando pueden ser reciclados y/o reutilizados una y otra vez. 

Si dividimos las 2,5 millones de toneladas de desechos que se generan actualmente en Europa al año, tocamos a casi cinco mil por habitante. Y aunque el ciudadano europeo se ha disciplinado en separar los residuos para su posterior reciclaje, lo cierto es que solo el 8% se produce en los hogares. 

Con todos esos datos sobre la mesa, la Comisión Europea, a instancias del Parlamento Europeo, está impulsando la economía circular. Con ella los residuos sirven para crear nuevos materiales, pero también más empleo, más productividad industrial y es una buena herramienta para disminuir la presión sobre el medio ambiente. 

Toda una serie de propuestas legislativas sobre residuos está ya en marcha van en ese sentido. También habrá financiación para llegar a la meta de «cerrar el círculo productivo»: de momento, más de 650 millones de euros con cargo al programa Horizonte 2020 y 5.500 millones que se sacarán de los Fondos Estructurales. Se crean medidas específicas para la gestión de los residuos en las ciudades y vertederos, de los plásticos o para fomentar el ecodiseño, entre otras. No hace falta mirar la bola de cristal porque el futuro de la Unión Europea es circular: los objetivos para 2030 suponen llegar al 65% de reciclaje de los residuos municipales y el 75% de los envases, así que muchas cosas tienen cambiar en las maneras de hacer hasta ahora.

En común, la sostenibilidad es más fácil

En Manresa, para cerrar el círculo y encaminarse hacia la economía de «residuo cero», empresas como Fitaller o Tecnium se encuentran con el problema de encontrar industrias interesadas en residuos que ellos generan en poca cantidad. «Nosotros tenemos residuos que, a pesar de ser plásticos de mucho valor, no tienen salida porque no acumulamos suficiente cantidad para que a otra empresa le salga rentable venir hasta aquí y llevársela», explica David Llussà, de Tecnium. 

En este sentido, otra de las grandes ventajas de la simbiosis industrial es que permite la concentración de residuos del mismo tipo para conseguir un volumen que facilite la búsqueda de compradores. En Bufalvent, 94 industrias aglutinan juntas 750 toneladas al año de residuos plásticos de calidad que se podrían recuperar. Para un empresario, es cuestión de números.

 
David Llussà, de Tecnium, muestra las virutas de polipropileno sobrantes.   
 

Dinarmarca, una cultura empresarial que viene de lejos

En Kalundborg (Dinamarca) hallamos el ejemplo más antiguo de simbiosis industrial y posiblemente el mejor implantado. Allí, en 40 años, han consguido lo imposible. Empresas públicas y privadas colaboran intercambiando constantemente todo tipo de residuos en un ciclo cerrado de producción industrial: calor, gas, cenizas, lodos, materia orgánica, energía… 3.500 hogares del municipio y una piscifactoría se calientan gracias al excedente de calor de una de las empresas. Las cenizas de una industria se filtran y sirven para que otra haga paneles de yeso. Los residuos orgánicos de unos se convierten en fertilizante de otros.

El ahorro es uno de los argumentos incontestables de esta nueva cultura económica: en un año en Kalundborg consiguen ahorrar hasta 3 millones de m3 de agua a través del reciclaje y la reutilización. Los residuos salen por un sitio y entran por otro, creando un sofisticado puzzle en el que todas las piezas van encajando. Por eso, se ha convertido en un ejemplo mundial y el municipio participa activamente para que países de cualquier continente visiten el complejo industrial, aprendan y lo imiten.

Esta vuelta de tuerca industrial por la que transitan desde hace tiempo países como Holanda o Dinamarca no va a ser fácil aquí, pero cuando se empieza ya es irreversible. «Lo más difícil es convencer a los empresarios», comenta Verónica. «Casi tuvimos que ir a buscarlos uno a uno para que asistieran a las primeras reuniones. Ahora están encantados y muchos vienen a informarse cuando se enteran de que sus vecinos se ahorran 20.000 euros al año.»

 
Eco-Parque Industrial Kalundborg (Dinamarca), pionero en simbiosis industrial.   
 

La razón hay que buscarla en que la mayoría no ha oído hablar ni de circularidad ni de simbiosis ni de nada que se le parezca. Todos son PYMES y bastante tienen con superar los mil obstáculos cotidianos para seguir levantando las persianas de sus fábricas cada día. «Por eso hay que mostrarles que la simbiosis industrial es una buena estrategia. Si no hay beneficio, no se tira para adelante. De eso trata la economía circular, de hacer rentable la sostenibilidad. Y para eso tienen que cambiar las maneras en las que se relacionan las empresas y de hacer los negocios. Lo que hacemos con los proyectos es identificar la oportunidad y hacerla viable». 

Para Kuchinow, los mismos flujos que se crean en un ecosistema natural son válidos para las empresas: «En un bosque no existen residuos. La energía viene del sol. Todo fluye. Cuanto más diverso es el bosque más rico y más potencial de crecer. Imaginemos que las empresas son un ecosistema donde se empiezan a intercambiar recursos y se unen para aprovechar otras cosas disponibles. Se puede conseguir ser totalmente eficiente en el uso de estos recursos compartidos». 

Manresa en Simbiosis, un año de resultados

En el proyecto pionero de Manresa en Simbiosis, los números dan la razón a los impulsores. En el primer año de desarrollo, se han completado ocho sinergias, cuatro perfectamentente implantadas y otras cuatro en estudio. Han evitado el envío al vertedero de 2.567 toneladas de residuos y se ha conseguido una mejor gestión para 11.000 toneladas de residuos, al tiempo que han ahorrado 11 toneladas de materias primas y 12 GWh de calor, y se han generado 7 GW de electricidad. Hasta 50 personas de 27 empresas se han implicado de una u otra manera. 

El apoyo institucional (especialmente de la Agència de Residus de Catalunya y el Ajuntament de Manresa) ha sido decisivo. «El sector público tiene que hacer de palanca, de motor de arranque», comenta Jordi Serracanta, regidor de Qualitat Urbana i Serveis de l'Ajuntament de Manresa. «Lo más importante es que este proyecto ahora ya es de los empresarios, porque incluso han creado la oficina técnica de simbiosis dentro de la asociación Bufalvent».

 
Residuos plásticos de Tecnium que recicla otra empresa de la zona.  
 

Es posible que sin las subvenciones, el empuje público y la labor «facilitadora» de Símbiosy este complejo industrial de Manresa siguiera trabajando como antes, con mentalidad lineal y no circular, pero ahora la nueva dinámica parece tan irreversible que ya piensan a lo grande: «Hemos detectado en distintos puntos gran cantidad de energía residual que podría convertirse en calefacción y refrigeración de espacios como un hospital o un gran centro comercial. Aunque esta posibilidad queda lejos todavía de ejecución», explica Montserrat Ambròs, gerente de la Oficina de Sinergies Bufalvent, que ya mira al futuro más allá del residuo sólido. 

Ahora, en Cataluña, todos siguen los pasos de Manresa: ciudades como Sabadell, Sant Quirze y Barberà han creado una oficina municipal conjunta para divulgar sobre economía circular; Granollers y Terrassa se están poniendo las pilas con iniciativas incipientes; en Gavà y Viladecans han cerrado la primera etapa… 

«Cambiarán muchas cosas», concluye Kuchinow. «Hay un montón de modelos de aplicación, pero hay que hacerlos viables. En lo que se basa la economía circular es en hacer viable una necesidad ambiental acuciante. No se trata ya de ‘me gusta’ o ‘no me gusta’. Va a ser sí o sí».  

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