¿La ciudad más verde de Europa?

04.11.2014
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Gracias al impulso de sus instituciones, empresas y ciudadanos, Bristol se ha convertido en una ciudad que puede servir de modelo al resto del mundo.

En pocas ciudades se tiene ocasión de cruzarse hasta tres veces en un mismo día con el señor alcalde y en bicicleta. Eso fue lo que nos ocurrió en Bristol, mientras explorábamos las razones por las que esta ciudad británica de algo más de 400.000 habitantes ha sido elegida capital verde europea del 2015.

George Ferguson, alcalde de Bristol.  

Al alcalde de Bristol, George Ferguson, se le reconoce de lejos por sus pantalones rojos, y eso facilita notablemente la labor. La primera vez lo vimos pedaleando a la lejos, mientras remontaba a todo pedal la cuesta de College Green, camino del Ayuntamiento, donde cuenta con un aparcamiento reservadísimo para la bicicleta del “mayor”.

Ahí tuvimos un primer y simpático intercambio, preámbulo de un segundo e inesperado encuentro con los voluntarios de Bristol Green Capital, en el que esbozó su visión de futuro para la ciudad imperfecta: “No somos ni Amsterdam, ni Compenhague, y jugamos con esa ventaja. Aún nos queda un largo trecho para llegar a un 30% del uso de la bicicleta, pero en otros campos como la alimentación, la relocalización de la economía local o la energía estamos abriendo brecha. Y estamos además intentando hacerlo de una manera inclusiva, ensanchando todo lo posible el concepto de ciudad verde para que nadie se quede fuera”.

George Ferguson es arquitecto e “independiente”. Bristol tiene de largo la fama de la ciudad más progresista de las islas (la San Francisco británica, con su puente colgante de Clifton, pariente lejano del Golden Gate), pero el acalde ha tenido la virtud de trascender la política y subirse a la ola de una auténtica marea ciudadana en casi todos los campos imaginables.

Como Portland o como Sevilla, Bristol es una ciudad “mutante”, que ha sabido subirse todo pedal al tren de los tiempos. La vibrante comunidad artística de Stokes Croft (el barrio que alumbró el arte callejero de Banksy) o el pujante Festival de Ideas que se prolonga durante todo el año son dos referentes mundiales, al igual que la regeneración del tejido industrial y la reconversión de la Fábrica de Tabaco en uno de los primeros “hubs” de innovación a la vuelta del siglo.

“Estamos en una ciudad con un trazado imposible, pero eso hace aún más fascinante el trabajo de un urbanista, que debe ser el de velar sobre todo por el tejido humano”, sostiene Ferguson. “Creo sinceramente que estas ciudades de tamaño medio van a ser los laboratorios de lo posible. Lo que estamos logrando en Bristol es fruto del impulso conjunto de las instituciones, las empresas y los ciudadanos, unidos en una visión que puede servir de modelo al resto del mundo".

El alcalde Fergurson, por cierto, recibe su sueldo en libras de Bristol: la moneda social y complementaria que inició su andadura en el 2012 bajo el lema “Nuestra ciudad, nuestro dinero, nuestro futuro”. Hoy por hoy circulan más de 600.000 euros en la divisa local, aceptada por medio millar de negocios y respaldada por la Cámara de Comercio. La moneda local puede cambiarse por libras esterlinas -a idéntica cotización- en varios puestos instalados en la calle. Todos los billetes llevan la estampa genérica del "Pueblo de Bristol" y son una garantía de un porcentaje cada vez más alto de la economía local se queda circulando en la ciudad.

El movimiento de la Transición tiene también raíces profundas en la ciudad, vinculado a otro activísimo grupo local, Shift Bristol, y volcado en el campo de la educación y la “sostenibilidad práctica”. En “Skipchen”, todos esos principios se dan la mano a la hora de la comida con la economía en acción: se trata del primer resturante en el Reino Unido que sirve exclusivamente comida “rescatada” (principalmente de los supermercados) a precios realmente populares.

Con más de medio siglo de tradición, la Soil Association es tal vez la institución más emblemática de la ciudad, pionera en el impulso de la agricultura ecológica en el mundo. El programa Sustainable Food Cities Network intenta impulsar la creación de mapas de producción ecológica en el perímetro urbano. El Bristol Food Network y la asociación Increíbles Comestibles están creando también sinergias de cultivo en espacios públicos y asegurando que la comida local y ecológica llega a todos los barrios.

Liz y Mike Zeidler, fundadores del proyecto Happy City.  

El proyecto Happy City es otra de las ideas más innovadoras “made in Bristol”. Creado hace cuatro años, bajo la supervisión de la New Economic Fundation (NEF), intenta medir y mejorar la “felicidad media” de los ciudadanos. «La búsqueda de la felicidad es en el fondo lo que mueve el mundo», apunta Liz Zeidler, cofundadora junto a su marido Mike. «Pero mucha gente tuerce el gesto cuando le hablas la felicidad planetaria o del índice de felicidad nacional. Las barreras se derriban sin embargo desde lo local y es ahí donde se hace también la conexión necesaria. La ciudad es la escala ideal para trabajar desde la base: en las comunidades, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en los hospitales y hasta en las prisiones».

Bristol Solar City es otra iniciativa ciudadana, con el objetivo de instalar un gigavatio de potencia solar en los tejados y en la periferia de la ciudad de aquí al 2020. El Ayuntamiento se ha subido al carro con la creación de su propia “fuerza de choque” que llenará los tejados de los edificios públicos de placas fotovoltaicas, empezando por las escuelas. La ciudad es también sede de Ovo Energy, la distribuidora alternativa que está poniendo en jaque al oligopolio eléctrico en Gran Bretaña.

En el campo de bioconstrucción y la autoconstrucción, Bristol merece también una mención de honor con Ecomotive, la empresa social creada por Jackson Moulding. La ciudad es caldo de cultivo de ecoaldeas urbanas como St. Werburghs, donde la vida gira en torno a la increíble granja periférica, con su casa del hobbit y su popularísimo City Farm Café.

El transporte es quizás la asignatura pendiente de Bristol, que gana cada vez más terreno para las bicicletas y levanta barreras todos los domingos al tráfico motorizado con “Make Sundays Special”, el programa que convierte cada barrio en una fiesta. De aquí ha brotado también el programa Sustrans , para llevar la movilidad a los barrios más desfavorecidos y lograr el objetivo de que cuatro de cada cinco desplazamientos en el 2020 sean a pie, en bici o en transporte público. Y eso por no hablar de Hydrogenesis, el barco de hidrógeno que está rompiendo moldes por los cañones del río Avon

Cerramos este recorrido trepidante por la ciudad posible con Jonathon Porritt, ecohéroe local, fundador del Foro para el Futuro y autor de “El mundo que hicimos”: un viaje decididamente optimista al 2050 y de todo lo que seremos capaces de hacer de aquí a entonces, por el bien del planeta y siguiendo la estela que ya está marcando Bristol, a un par de horas de Londrse, en el cercano oeste británico.

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