La realidad paralela

“Las mujeres están perdiendo la capacidad de dar a luz”

Michel Odent reflexiona sobre la dependencia de la medicina desde el momento del nacimiento y lo que eso significa para la evolución de la especie humana.

Por: 
Carlos Fresneda
Londres
Media: 
Fotos: Ione Saizar

¿Necesitamos comadronas?”, se cuestiona el doctor Michel Odent en su último libro, donde va de pregunta en pregunta hasta llegar a la más provocadora y fundamental: “¿Puede la humanidad sobrevivir a la medicina?”. A sus 85 años, el osbtetra francés afincado en Londres, considerado por muchos como el “padre” del parto natural (aunque él reniega del título), pone sobre la mesa un hecho incuestionable: la dependencia de la medicina desde el momento del nacimiento y lo que eso significa para la evolución de la especie humana…
 
¿Hasta qué punto la manera en que nacen hoy los niños es un reflejo de la sociedad que hemos creado?
Me remito a la última parte del libro, en la que formulo la pregunta sobre el futuro de la medicina y de la humanidad. Puede que a más de uno le resulte chocante, pero es para mí la cuestión fundamental que está muy relacionada con la medicalización del parto. Advierto de entrada que es una pregunta prematura y que tal vez haya que esperar hasta el 2030, cuando tenga cien años (si es que aún estoy vivo) para encontrar una respuesta. Mi tesis es que la medicina está neutralizando las leyes de selección natural. Estamos interfiriendo directamente con la ley básica que ha permitido que la vida haya colonizado el planeta. ¿Cuáles serán los efectos a largo plazo? No lo sé. Mi labor es formular preguntas, siempre preguntas. Si tuviera las respuestas, quizás no hubiera escrito este libro ni el anterior, Nacimiento y la evolución del homo sapiens (La liebre de Marzo)

Pero usted advierte que hay razones para estar preocupado ante lo que nos espera…
Lo que tenemos son muchas razones para hacernos preguntas. Lo peor es hacerse las preguntas cuando ya es demasidado tarde… Al neutralizar las leyes de selección natural, y al interferir como lo estamos haciendo con la fisiología humana, estamos creando un mundo radicalmente nuevo. Yo creo que estamos en el borde del precipicio, atrapados en nuestra propia trampa… Y el resultado es que las capacidades humanas, las que hemos ido desarrollando de un modo natural durante miles de años, se van a volver más y más débiles. Las mujeres están perdiendo la capacidad para dar a luz y amamantar a sus hijos. Se están volviendo más y más dependientes de los médicos. Las técnicas reproductivas y la genética lo invaden todo. Dentro de poco nos estaremos haciendo preguntas del tipo: “¿Abrimos las puertas a humanos modificados genéticamente?”. Lo que está realmente en juego es el futuro y la evolución de nuestra especie.

En España, como el Reino Unido, la tasa de cesáreas ha superado ya el 25%. ¿Es tal vez un indicador que ya no hay macha atrás?
Con la actual tendencia, tarde o temprano la mayoría de los seres humanos nacerán por cesárea. De ahí la pregunta: “¿Vamos a necesitar comadronas?” La respuesta obvia sería “no”. Pero por otro lado hay también la posilidad de que surja rápidamente una nueva conciencia, que la gente se de cuenta de que estamos interfiriendo en nuestra propia evolución y que hay formas mejores de “no interferir” en el proceso. Entonces la respuesta es más difícil, y acaso la pregunta haya que reformularla: “¿Qué tipo de comadrona necesitaremos?”.

En su libro anterior se hacía usted otra pregunta incómoda ¿Qué podemos aprender de los bulldogs? Y recordaba que el índice de cesáreas entre la peculiar raza inglesa rondaba el 90%...
Ha aumentado ya, la última vez que lo comprobé la tasa de cesáreas era del 95%. Yo creo que podemos extraer perfectamente lecciones de los partos médicamente asistidos entre los animales. Y el caso del bulldog es sin duda alarmante. El problema es que además sólo son capaces de concebir por inseminación artificial porque han perdido por completo la libido (ese no es aún el caso de los humanos, afortunadamente). Pero sí, podemos extraer perfectamente la lección de los “bulldogs”, que están completamente en manos de la medicina veterinaria.

Usted ha criticado también el uso y abuso de la oxitocina artificial (la pitocina o sintocina), más aún que el recurso a la anestesia epidural…
La liberación de la oxitocina –también llamada la hormona del amor- es básica para que ocurra el parto de un modo natural. Lo malo es que hemos creado un sucedáneo artificial, que ahora es lo que más se utilizar para inducir el parto. Hemos ideado otra manera de interferir en el proceso natural que obviamente va a tener sus efectos. El sistema fisiológico para producir oxitocina se está debilidando, y ésa es una hormona que afecta a nuestra vida sexual y a nuestra capacidad para socializar y tener empatía.

Hablemos de la presencia del padre en los partos. Usted lo defendió en un primer momento…
Yo escribí sobre el tema e hice lo que siempre hago: poner preguntas sobre la mesa. No soy de los que creen que hay ponerse radicalmente a favor o en contra de una cuestión.

Pero de un tiempo a esta parte se ha manifestado abiertamente en contra de la presencia del padre, y ahora hay estudios científicos como el del University College de Londres que le dan la razón…
Desde los años setenta se introdujo esta nueva “doctrina” que empezó a abrir la puerta de las salas de partos a los padres. Y hoy por hoy, el 95% de los padres asisten al nacimiento. Se ha convertido en la cultura dominante. Ya es demasiado tarde para dar marcha atrás.

¿Por qué se debería quedar fuera el padre?
Porque si el padre está presente, es muy posible que le contagie a la madre la liberación de adrenalina, en vez de oxitocina. En el resto de las especies, la madre no invita a su pareja sexual a estar presente en el momento del nacimiento… La pregunta habría en cualquier caso que reformularla desde el punto de vista de la mujer.

¿Qué necesita, pues, la mujer en el momento del parto?
La mujer precisa sentirse segura y protegida contra cualquier factor que estimule el neocortex y ponga en marcha la parte más “intelectual” de su cerebro, la que estimula el lenguaje. La mujer necesita oscuridad y silencio: la oxitocina es una hormona tímida y no asoma si hay muchos espectadores… La mujer no necesita “apoyo” en el sentido en que tantas veces se ha utilizado a la hora de justificar la masculinización del parto. Entre los obstetras se suele hablar incluso de la “gestión del parto”…

¿Y qué tiene que decir sobre el papel de las “doulas”, que han sido objeto de controversia en España?
Es curioso porque hace treinta años nadie hablaba de las “doulas”, y ahora hay “doulas” por todos los lados: desde Siberia hasta México DF, donde las he visto trabajar muy mano a mano con los médicos. En España o Italia, donde las comadronas estás más “medicalizadas”, ha surgido este tipo de conflictos. Pero yo no estoy ni a favor ni en contra. A lo mejor el tipo de comadrona que hace falta es el más cercano a una “doula”. En la portada de mi libro (Do we need midwifes?), la comadrona está sentada en una esquina haciendo punto…

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