Móviles e internet, devoradores de energía

2.5.2013
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Las tecnologías de la información y la comunicación producen un impacto enorme sobre el medioambiente.

¿Cómo podemos reducir nuestra huella ecológica en un ámbito que cada día utilizamos más?

Centro de datos de Google en Oregon (Estados Unidos) con el vapor generado por la refrigeración de los servidores

Las cifras que nos informan del avance de la “Sociedad de la Información” en cuanto a penetración y uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) en nuestras sociedades no dejan de crecer. Solo en España, el número de personas de más de 10 años que han accedido a Internet en alguna ocasión alcanzó en el tercer trimestre de 2012 los 29 millones de usuarios, lo que representa al 71,2% de la población. El 65% lo hace de manera frecuente, el 50%, a diario. Por no hablar de las cifras record de penetración de la telefonía móvil (el 86% de los mayores de 14 años cuenta con uno, 16 millones son los que tienen ya smartphone) o del éxito dentro del ocio digital de los videojuegos (muchos de ellos en red), una de las industrias más lucrativas del planeta. 

La centralidad que cada vez más están ocupando las TICs en todos los ámbitos de nuestras vidas es innegable, ya sea en el ámbito económico, político, educativo, comunicacional, cultural… La vida actual no se imagina sin las innumerables ventajas que nos ha traído Internet y su accesibilidad permanente. Y así, en un mundo que parece moverse a golpe de tweets y whatsapps, donde estamos permanente conectados a través de múltiples redes sociales, donde gran parte de nuestra vida se encuentra “en la nube”… nos planteamos cada vez más el impacto que esta realidad tiene directamente sobre nosotros como individuos y sociedades, pero, ¿nos planteamos el impacto que puede estar teniendo este boom tecnológico sobre nuestro medioambiente (y con ello, de nuevo, también sobre nosotros mismos)? 

Las tecnologías de la comunicación emiten el 2% de las emisiones de gases invernadero

Este breve artículo recoge algunos datos que pretenden dar respuesta a esta crucial cuestión. Según datos de la propia industria tecnológica, en un macroestudio realizado en 2008 que no ha tenido equivalente más actual hasta la fecha, el sector de las empresas de tecnologías de la información y la comunicación sería responsable del 2% del total de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, superando por ejemplo al sector de la aviación, dato coincidente con el estudio de Gartner, consultora especializada en este sector.

Llama la atención comprobar cómo sólo una cuarta parte de esas emisiones corresponden a los materiales y la producción de las TICs y las tres cuartas partes restantes al uso que se hace de ellas, lo que nos habla del importante papel que tenemos consumidores y usuarios en este impacto medioambiental. 

Cada segundo que pasamos en una página web emitimos de 20 a 300 mg de CO2

Como botón de muestra, nótese que según estimaciones de Alex Wissner-Gross, físico de la Universidad de Harvard, cada segundo que pasamos visitando una simple página web produce 20 miligramos de CO2 (si esa página contiene además animaciones o vídeos -como sería el caso de Youtube, líder en visitas-, las emisiones podrían ascender a los 300 mg) y cada búsqueda en Google podría estar produciendo entre 0,2 gramos, según datos de la propia empresa, y 7 gramos según Wissner-Gross, teniendo en cuenta que una búsqueda tipo puede suponer varios intentos, incluyendo el consumo del equipo del internauta que lanza la búsqueda (el modo de funcionamiento de Google replicando la búsqueda en diversos servidores que “compiten” entre sí primando la velocidad en la respuesta sobre otros criterios no ayuda a reducir su consumo energético; no en vano se estima que el gigante Google consume el 3% de toda la energía de Estados Unidos). 





Tuberías de agua para la refrigeración de un centro de datos de Google. Es la empresa que consume más energía en los Estados Unidos y se está planteando construir sus almacenes de servidores en alta mar. 

Para hacerse una idea de lo que esto supone, nótese que 7 gramos es lo que produciría tener una bombilla de 11 vatios encendida durante una hora o, por poner otro ejemplo, 14 gramos es lo que produce hacer hervir una tetera eléctrica. Multipliquemos estas cifras por las horas semanales o diarias de un internauta habitual por los cientos de millones de internautas en el mundo y podremos hacernos una idea del impacto que el uso solo de la web genera sobre nuestro medioambiente. No es de extrañar que hayan surgido buscadores “verdes” como Ecosia o Znout que aun usando tecnologías de Yahoo o Google, respectivamente, buscan compensar sus emisiones invirtiendo en acciones positivas para el medioambiente, o webs como CO2stats.com que ofrecen un servicio para hacer más eficiente energéticamente la web de cualquier empresa o particular. 

Y las cifras van en aumento. El mismo estudio de The Climate Group prevé que entre 2002 y 2020 la huella de carbono del sector podría triplicarse. Para esa fecha, el porcentaje sobre el total de emisiones llegaría como mínimo al 6%, siempre según las propias cifras de la industria. 

Los centros de datos consumen al año la producción de 30 centrales nucleares

Del total de las emisiones, según este informe, un 49% correspondería al sector de los ordenadores, impresoras y periféricos, un 37% a las infraestructuras de telecomunicaciones y sus dispositivos y un 14% a los centros de datos que sostienen “la nube”. Estos macrocentros (muchos de ellos visibles desde el espacio) podrían estar consumiendo alrededor de 30 mil millones de vatios al año, el equivalente a la producción en ese periodo de 30 centrales nucleares, según estimaciones de la industria publicadas por The New York Times. O para comprenderlo a una escala más accesible, algunos de estos centros consumirían el equivalente a 180.000 hogares, según datos publicados por Greenpeace.

En palabras de Evan Mills, del Lawrence Berkeley National Laboratory en California, “los centros de datos están entre las instalaciones de mayor consumo energético imaginable”. Según Greenpeace, los centros de datos y las redes de telecomunicaciones consumirán en el 2020 casi dos billones de kilowatios/hora, el triple de lo consumido actualmente y más que el consumo realizado por Francia, Alemania, Canadá y Brasil juntos. Con estas cifras, no es de extrañar que Greenpeace lanzara una campaña cuando Facebook anunció en febrero de 2010 su intención de abrir un nuevo centro de datos en Oregón alimentado por energía procedente del carbón, campaña que habría llevado al gigante de las redes sociales a anunciar a finales de 2011 su intención de abandonar progresivamente las fuentes contaminantes de energía hacia el uso de energías renovables. 

Aunque estas cifras por sí solas ya pueden resultar muy preocupantes, más lo sería que, según la investigación de un año realizada por The New York Times, más del 90% de la energía consumida por estos centros de datos podría estar malgastándose, pues estas instalaciones funcionan habitualmente a su máxima capacidad independientemente de la demanda, sostenidas por el miedo atroz que en la industria supone que “caiga el sistema” por un solo minuto (algo que aun así se sigue produciendo). 



Uno de los centros de datos de Google. Sala de servidores.

El siguiente paso es preguntarse de qué fuentes provienen estas fabulosas cantidades de energía. Lógicamente, el abultado porcentaje de emisiones de gases de efecto invernadero de esta industria se explica porque las fuentes de energía que utilizan no priorizan en general las energías renovables, como recoge Greenpeace en su informe “How clean is your cloud?”. 

Además de la alta dependencia de carbón para alimentar los centros de datos, estos cuentan con enormes generadores alimentados con diesel para contrarrestar cualquier posible corte de energía como recoge la mencionada investigación de The New York Times. 

¿Y ahora qué? 

Estas cifras constatan una realidad ineludible: el crucial impacto que el nuevo entorno comunicativo tiene sobre nuestro medioambiente y, por tanto, seamos o no conscientes de ello, sobre nuestras vidas. Desde luego no se trata de prescindir de todas las ventajas que nos han traído las TICS, por ejemplo para poder difundir esta información, pero sí al menos tomar conciencia de esta realidad y bajarnos “de la nube” para, al igual que ya hacemos en otros muchos ámbitos, pensar qué podemos hacer cada uno individualmente y como colectividad para cuidar nuestro medioambiente también en este plano:

• ¿Es realmente necesario cada tweet, cada whatsapp, cada mensaje de facebook que mandamos?

• ¿Es realmente necesario que todos, individuos y organizaciones, tengamos un blog propio y un perfil en todas y cada una de las redes sociales habidas y por haber?

• ¿Podemos reducir nuestra adicción a estar permanente conectados?

Más allá del impacto individual y social que está teniendo esta cierta “locura tecnológica”, que podemos decidir si nos compensa o no, también hay un impacto medioambiental que no podemos obviar. Si cuanto menos cada uno reducimos un pequeño porcentaje de nuestro uso de las TICs, aquel que consideremos más superfluo, el impacto positivo a escala global puede ser enorme, aunque ya sabemos que problemas globales requieren de respuestas globales. ¿Qué estás dispuesto a hacer tú? 

Sobre el autor
Fernando Tucho es Licenciado en Periodismo y Doctor en Comunicación por la Universidad Complutense, especialidad Educación en Comunicación. Máster en Televisión Educativa por esta misma universidad. Profesor en la Universidad Rey Juan Carlos en grados de Comunicación y de Educación. Presidente de Aire Comunicación-Asociación de Educomunicadores www.airecomun.com