Pon una alfombra de lana en tu vida

8.10.2013
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Son naturales, confortables, bellas e incluso mejoran la calidad del aire.

Hay que evitar las alfombras tratadas con permetrina.

Las alfombras de lana suelen ser en general de buena calidad y sanas. Andar sobre ellas es muy agradable y seguro. Mejoran el clima de la habitación, ya que absorben la humedad y son capaces de volverla a emitir si escasea en el ambiente. Según investigaciones científicas, incluso pueden eliminar sustancias tóxicas como el formaldehído: la lana es capaz de captar compuestos orgánicos volátiles y reconvertirlos químicamente de manera que no vuelven a dispersarse en el ambiente. 

Además no son peligrosas para los alérgicos al polvo como se creía. Puede que si no se limpian a menudo lo acumulen pero esto significa que el polvo queda atrapado y no va de un lado para otro por el aire. Por tanto es posible que a los alérgicos les convenga aspirar un poco más a menudo de lo normal antes que retirar las alfombras.  

A pesar de sus ventajas, las alfombras de lana han caído en desuso. La gente prefiere cada día más el suelo liso o las alfombras de materiales sintéticos. Se calcula que actualmente sólo el 10% como máximo de las alfombras en los hogares son de lana.

Insecticidas innecesarios

El gran inconveniente -y desconocido por el público- es el tratamiento antipolillas con permetrina y otros productos. Existe una polémica sobre la salubridad de este tratamiento. Los fabricantes aducen que se ha demostrado que la impregnación correcta de la lana con permetrina no es perjudicial porque queda atrapada en la fibra de lana. Sin embargo, análisis independientes han comprobado que en las viviendas con alfombras hay una contaminación con permetrina por encima de la media. Esta sustancia es un tóxico neurológico y tiende a acumularse en el polvo doméstico.

Los fabricantes se curan en salud con la permetrina porque no es necesaria en un espacio que es limpiado con regularidad. Por otra parte, hay sustancias aromáticas naturales que también previenen la infestación con polillas y que son menos preocupantes para la salud humana. 

La permetrina, que se encuentra aproximadamente en el 80% de las alfombras comercializadas, no es la única sustancia tóxica utilizada en las alfombras. De hecho se utilizan otros insecticidas más agresivos y que a menudo desprenden fuertes olores que motivan las quejas y devoluciones de los consumidores. Estos agentes potencialmente tóxicos se aprecian especialmente cuando se elevan las temperaturas por encima de los 40 ºC, algo que puede ocurrir, por ejemplo, al utilizar métodos de limpieza con vapor. No obstante, alguno de estos "aromas" son naturales. Los que parecen rancios pueden deberse a la grasa que acompaña la fibra de la lana y eliminarla con detergentes supondría un impacto ambiental innecesario.

Consejos de compra

Si sopesando ventajas e inconvenientes se decide adquirir una alfombra de lana, vale la pena tener en cuenta algunos criterios. Se puede buscar alfombras sin tratamientos con permetrina u otros insecticidas contra las polillas. Conviene acercar la nariz y asegurarse de que no desprende un olor similar al pegamento que pudiera indicar la presencia de disolventes que se utilizan, por ejemplo, para encolar reversos de plástico (este debiera ser preferiblemente de látex natural). Por el mismo motivo, quienes estén interesados en colocar una moqueta de lana deben asegurarse de que se utiliza una cola sin disolventes. 

¡Una mancha! No hay problema

• Además de la limpieza regular, conviene llevar la alfombra a la tintorería para un tratamiento profesional cada tres años. Para ello existen champúes en seco, también hay lavadoras especialmente desarrolladas para este tipo de alfombras en algunas tintorerías. 

• Las manchas pueden eliminarse en casa mediante detergentes y productos antimanchas de base vegetal. Son en general más eficaces que las fórmulas caseras con alcohol, lejía o lavavajillas.

• En el caso de una mancha debida a líquidos conviene tomar medidas urgentes, como colocar encima un papel absorbente -tipo rollo de cocina- o espolvorear una buena cantidad de sal -en las droguerías o tiendas de bricolaje venden sal especial contra la humedad.

• La suciedad más gruesa hay que trabajarla desde los extremos hacia el centro para evitar que la mancha se expanda. Se puede probar con el truco de la cuchara: se pulveriza un antimanchas y se presiona con la parte abombada para que la sustancia penetre en la fibra, luego se desliza la punta de la cuchara para recoger la suciedad en el cazo.

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