Regreso al Edén

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Iniciamos aquí un viaje a cuatro manos con Manolo Vílchez y Carlos Fresneda, compañeros de viaje desde hace años en yocambio.org, con quienes exploraremos en las próximas semanas los rincones más estimulantes y sugerentes de la Gran Bretaña verde.

Del nuevo Edén en Cornualles, a la nueva capital verde de Europa (Bristol). De la granja orgánica de Daylesford a las paradas de autobús comestibles de Londres. Del mítico Centro de Alternativas Tecnológicas de Gales, a las calles en Transición de Totnes. Del inventor de las bicicletas Brompton, Andrew Ritchie, al alma del Schumacher College, Satish Kumar...

Eden Project

A principios del siglo XXI, en lo que fue una cantera abandonada de caolín, abrió sus puertas el mayor invernadero del mundo. Ocho gigantes domos geodésicos se hinchaban como burbujas transparentes para contener más de 100.000 plantas de 5.000 diferentes especies, en una reproducción a escala de este paraíso que sigue siendo la Tierra.

Eden Project de Cornualles

Doce años y 14 millones de visitantes después, el Proyecto Edén ha hecho historia no sólo como uno de los mayores proyectos de regeneración del planeta, sino como el referente obligado de educación ambiental y la principal atracción turística del sur de Inglaterra.

“Los ecologistas tenían fama de estar contra todo y no construir nada”, recuerda Tim Smit, el visionario de 59 años que concibió este “paraíso” levantado contra viento, inundaciones y mareas en la costa de Cornualles. “Por eso necesitábamos hacer algo tan audaz que dejara desarmado al más cínico”.

Nacido en Scheveningen (Holanda), Tim Smit fue arqueólogo y compositor y productor musical de gran éxito antes de encontrar el “paraíso” en el sureste de Inglaterra. Allí trabajó junto a John Nelson y tantos otros en la reconstrucción de los Jardines Perdidos de Heligan, que le sirvió de inspiración para uno de los mayores proyectos de regeneración ambiental del planeta.

“Para mí, Edén es una manera de recuperar aquella sensación de asombro que debió embargar al Doctor Livingstone ante las cataratas Victoria”, asegura Smit. “Si queremos atraer a la gente a la naturaleza, si queremos embarcar a los niños en la conservación del planeta, lo mejor que podemos hacer es despertar en ellos la sed de aventura… Y también hacerles soñar”, puntualiza Smit. “Porque eso es lo que hace cualquier niño o niña de 12 años español o británico: soñar... Lo único que nos ha convertido en visionarios ha sido quizás la capacidad para persuadir a cientos de personas de que ese sueño era posible".

Unos 170 millones de euros (144 millones de libras) costó dar forma al sueño, sacudido por la caída del turismo en estos tiempos de crisis. “Pudimos encontrar una fórmula de financiación por estar en la zona 'pobre' de Europa”, recuerda Smith. “Encontramos también inversores, y logramos convencer al Gobierno británico para que algo así sucediera. Creamos la atmósfera adecuada para dar alas al proyecto, y hemos traído a la región una nueva riqueza en esta larga década”.

La particular “visión” del Edén, con esa “biosfera” de 55 metros de altura desde la que uno contemplar a vista de pájaro el bosque tropical, fue posible gracias al arquitecto Nicholas Grishaw, que concibió la impresionante estructura de tubos galvanizados y láminas termoplásticas. Sobre la marcha, bajo el “cielo” geodésico, descubrimos los impactos del hombre -del caucho al cacao, de la palma al café- y nos encogemos ante el escalofriante dato: cada diez segundos desaparece de la faz de la tierra un espacio de bosque primario similar al que estamos (1,5 hectáreas).

Entre la perplejidad y el asombro, pronto seremos capaces de deslizarnos entre los árboles tropicales gracias al “Walkway”, la nueva estructura que nos permitirá adentrarnos en la fronda y meternos en la piel de las culturas indígenas. Desde hace un año, la espectacular tirolina de más de 600 metros permite a los visitantes volar sobre la cantera convertida en vergel y hacerle cosquillas a la segunda biosfera, la que contiene el bosque Mediterráneo (con su exaltación gastronómica y el homenaje incluido al Dios Baco).

Hay también un exuberante “bioma” exterior, alimentado por el peculiar microclima de Cornualles, que posibilita el cultivo de increíbles jardines comestibles. El círculo de la vida se completa con una visita al Núcleo, auténtico museo de divulgación ambiental y científica. Todo gira allí en torno a la Semilla, la escultura de 70 toneladas de granito de Peter Randall-Page, venerada como el Santo Grial de la ecología.

El Proyecto Edén no quiere caer en la tentación de parque temático de la naturaleza, de ahí el énfasis en lo educativo y lo artístico. El cultivo, el compostaje, el reciclaje o la captación de agua de lluvia se integra como parte indisoluble del paisaje. El centro está involucrado ahora en la construcción de una planta de geotermia profunda con la copañía EGS Energy, con una capacidad de 4 megavatios (suficiente para abastecer sus propias instalaciones y ceder energía a la red).

Proyecto Eden

Tim Smit critica la falta de liderazgo político para avanzar hacia un nuevo paradigma energético. Al fundador del Proyecto Edén le preocupa la “marcha atrás” de todo lo que tiene que ver con el medio ambiente en estos tiempos de austeridad. Más aún que los efectos del cambio climático le inquieta incluso la escasez de recursos: “La crisis real la tenemos por delante. Nos despertaremos un día y descubriremos que el modo en que vivimos tenía un coste muy elevado. La dependencia del petróleo nos llevará a un final abrupto y entonces descubriremos que éramos muy cortos de vista”.

Y, a pesar del todo, Smit se define como “optimista” y habla incluso de un “nuevo Renacimiento” de irresistible color verde, capitaneado por ese goteo incesante de chavales que vienen aquí, a 270 kilómetros de Londres, para asomarse al paraíso posible: “Creo en la capacidad de la gente joven e inteligente para reclamar el futuro y tomar el relevo de esta generación, demasiado asustada y ansiosa para cuestionar las certidumbres de los que vinieron antes”.

"Mi encuentro con la semilla del paraíso", por Manolo Vílchez

No sé qué tienen los domos –esas maquinas solares pasivas– que me dan buena "vibra" ya sean de reducido tamaño o los gigantes del Edén, ese lugar que un día fue proyecto y ahora es el mayor parque temático del mundo dedicado al recuentro de lo humano con lo arbóreo y sus impagables servicios.
Diseñado el espacio para seducir a todo visitante con la armonía de sus formas, la majestuosidad de su tamaño, el interés por descubrir qué tesoros protegen “sin machete en mano” o la llamada del arte, que lo invade todo y en muchas de sus formas.
Lujo es el disfrute de un bosque lluvioso tropical allá donde no le toca pero está, y lo mismo con el ambiente mediterráneo, que tampoco toca por latitud y que también allá está celebrando clima, cultura, foresta y servicios nutricionales de sus árboles y plantas más aprovechados, el olivo y la vid, hasta con altar a un cachondo dios, un tal Baco.

En el edificio CORE, el núcleo, el centro de actividades educativas del Eden,
la cubierta vista a la derecha desde el principal mirador, donde la boca tiene quizás su segunda o tercera apertura, esta vez con exclamación y la energía del lugar anuncia emociones, llama la atención como casi todo lo hace en este lugar capricho/necesidad que es el Eden.
Las puntas de la estructura, el azul fotovoltaico que las rodea, no se entienden hasta que, debajo de ellas, en el interior, te pones a husmear lo que allá se muestra. Máquinas vivas y procesos técnicos impactan y te llevan en un extremo de la gran sala a una pared curvada, la sigues como acariciándola camino a la descubierta hasta que el pasillo sombrío te deposita ante un acceso que, luminoso, a mí me dejó "conmocionao".

Me encontraba delante de la escultura más grande del mundo
en honor a esa diminuta pieza donde, con la magia viva de la tierra, el llegar del líquido vital y la fuerza del bondadoso Sol, sale otra cosa que puede ser por lo menos varios millones de veces mayor en volumen. Encontrarme por casualidad, en plena deboración de espacios y cuando ya cerraban el paraíso del momento, delante del templo a la semilla del Eden Proyect, vuelvo a dejar constancia aquí, de que me dejó como "trastornao", con ganas locas de abrazarme a esas varias toneladas de mármol blanco que el artista creó en el mismo lugar, y que tuvieron a bien rodearla de un edificio peculiar del que en ese momento entendí su cubierta.
Bien plantada en el suelo y bien expuesta al sol, que en luminoso símbolo llegaba por arriba, aquel espacio en honor a la vida y la transformación se convirtió definitivamente, para mí y a la carrera, en templo de lo más sagrado.

Ya nos echaban, por ser los últimos y con gran respeto, pero me di un rato, y allá, colegas, sentí como la llamada (así lo dicen los que dicen haberse "encontrao" con cosas raras) y exclamé sin abrir la boca, ¿de quién fue la idea?, ¿qué lo hizo posible?  ¿Quién imaginó que, para algunos, aquella escultura animaría al cambio emocional, a amar con mucha más intensidad la diminuta esencia de la vida?
¿Acaso no somos semillas cada cual?, ¿acaso no somos nosotros o son ellas patrimonio de nuestra humanidad? Allá, delante de la mole inorgánica, juré en la intimidad defender de por vida a todas sus representadas de la avaricia de unos pocos en el dominio sobre todos los demás. Aquella semilla en el paraíso me agitó la vida, me sentí árbol y soñé la Paz.

Eden Project