Viaje al centro de la tecnología alternativa

12.09.2013
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Visitamos el Centro para la Tecnología Alternativa, en Gran Bretaña, del que se cumplen 40 años.

En una vieja cantera de pizarra, a los pies del parque natural de Snowdonia en Gales, el empresario, aventurero y activista Gerard Morgan-Grenville logró reunir a un puñado de entusiastas, a la busca de un sueño compartido: vivir en plena naturaleza y con el mínimo impacto en el planeta.

De aquel experimento, que con el tiempo fraguó en el CAT (Centro para la Tecnología Alternativa), se cumplen ahora 40 años. Las fotos en blanco y negro de aquellos melenudos pioneros de la ecología pertenecen ya a otro siglo, aunque su tesón y su esfuerzo siguen marcando el camino…

Ahí los vemos, levantando uno de los primeros aerogeneradores del Reino Unido. O poniendo en el tejado las primeras placas fotovoltaicas de Gales. O construyendo un teleférico que utiliza únicamente agua como contrapeso. O poniendo los marcos de las ventanas a la casa ultraeficiente de bajo consumo…

En apenas unos años, los 160.000 metros cuadrados que ocupaban las minas abandonadas se convirtieron en una demostración palpable del otro mundo posible. Las tecnologías “alternativas” del momento incluían también los cargadores de vehículos eléctricos, la granja orgánica, la mini-central de biomasa y el centro de compostaje para máximo aprovechamiento de los residuos.

“Estaba harto de los que predicaban la necesidad de cambiar el mundo y me chocaba también la falta de soluciones prácticas del movimiento hippy”, recuerda Gerard Morgan-Grenville en su memorias, Breaking Free. “Así que decidimos crear un centro donde la gente percibiera el curso desastroso de nuestra civilización y se vislumbraran al mismo tiempo las alternativas, con la tecnología que ya teníamos a mano”.

Morgan-Grenville murió a los 77 años en el 2009. Su marcha produjo la lógica zozobra que aún resuena al recorrer las instalaciones como de otro tiempo que surcan la mina de pizarra convertida en insólito vergel: “¿Sigue siendo relevante hoy el día la tecnología 'alternativa'?”. Afortunadamente, un año después llegó la respuesta, en la forma del deslumbrante WISE (Instituto de Gales para la Educación Sostenible) que se convirtió en el referente nacional biconstrucción y eficiencia energética en el 2010.

Pero soplan vientos difíciles para el CAT, que presume de tener aún la mayor librería “verde” del Reino Unido. Las mismas fuerzas que se conjuraron en los años setenta para garantizar otras cuatro “prósperas” décadas para las energías fósiles vuelven ahora a conspirar contra el auge de las renovables. El CAT, que llegó a tener 65.000 visitantes anuales en su exposición permanente y a contar con un centenar de trabajadores y voluntarios, se encuentra en una encrucijada de la que aspira a salir con un audaz paso adelante.

Eso sí, teniendo siempre en cuenta el lema del poeta Archibald MacLeish, grabado en el monolito que apunta hacia las cumbres de Snowdonia, en este rincón privilegiado e increíblemente soleado de Gales: “Hay una cosa más dolorosa que aprender de la experiencia, y es no aprender de la experiencia”…

La educación y la formación ambiental son ahora la piedra angular del CAT, que ha decidido imprimir también un giro hacia el acción ambiental y política...   "Cómo 'descarbonizar' el Reino Unido de aquí a 2030". Ahí se condensa la nueva “alternativa” para los tiempos que corren, por más que pueda sonar a utópica.

Y sin embargo Paul Allen, que llegó al centro en 1988 y ha participado desde entonces en varios proyectos energéticos con renovables, asegura que se trata de una meta real y alcanzable: "Podemos llegar usando la tecnología que ya tenemos y con pequeños ajustes en nuestro estilo de vida. Lo único que falta realmente es la voluntad política".

Allen compagina la dirección del CAT con la labor de coordinador del informe Zero Carbon Britain, presentado recientemente en Westminster y respaldado por la laborista Joan Walley. "No podemos esperar otros veinte años para hacer la transición", asegura Allen, que recalca que estamos en una encrucijada parecida a la de los años setenta, aunque sin duda más apremiante: "Acabamos de rebasar las 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera. Y ése es un dato incontestable, incluso para quienes no creen en el cambio climático".

"Un aumento de las temperaturas por encima de los dos grados puede alterar gravemente la vida en el planeta”, advierte el director del CAT. "Necesitamos una 'descarbonización' rápida y efectiva. Los políticos no pueden seguir agarrándose a excusas para no actuar".

Pero lo cierto es que Gran Bretaña avanza renqueante hacia el mucho más modesto objetivo del 30% renovables para el 2030. El año pasado, pese a la crisis, las emisiones suieron un 3,5% y el carbón siguió subiendo en la tarta energética, pese a la reciente inauguración del mayor parque eólico marino del mundo, el London Array.

La gran apuesta del informe Zero Carbon Britain es precisamente el viento, capaz de abastecer por sí solo la mitad de la demanda energética británica en el 2030, según las estimaciones del CAT. "Nuestro país está a la cabeza del mundo en el potencial de la energía eólica", sostiene Paul Allen. "Somos ya líderes mundiales en la producción 'offshore', y lo que hace falta es una dirección más clara para atraer a los inversores".

El resto de la tarta se la repartirían la biomasa, la solar térmica y fotovoltaica, la hidráulica, la geotérmica, la mareomotriz y la undimotriz. La proyección cuenta con la producción de gas sintético y de combustibles líquidos a patir de la biomasa para “descarbonizar” el transporte. En el escenario del CAT, la energía nuclear se aprovecharía sólo hasta la extinción del ciclo de vida de los 16 reactores actualmente operativos. El fracking se descarta por sus riesgos para el medio ambiente y su contribución a las emisiones.

"Nuestros modelos demuestran que se puede reducir hasta un 90% las emisiones sin necesidad de desarrollar nuevas tecnologías y sin un detrimento de nuestra calidad de vida”, asegura Tony Kellner, especialista en la proyección de las energías renovables y miembro del equipo de Zero Carbon Britain. "El restante 10% puede ser absorbido por métodos naturales de captura de carbono como la plantación de bosques y la restauración de los humedales”.

El segundo gran pilar del informe Zero Carbon Britain es la apuesta por el ahorro y la eficiencia energética, los así llamados “negavatios”. Según el CAT, Gran Bretaña podría reducir hasta un 60% de sus necesidades energéticas con una "cura de eficiencia" en su parque de viviendas, en sus edificios industriales y de oficina y en su flota transporte.

El tercer elemento va más allá de la propia energía y aborda la contribución, tantas veces olvidada, de la industria alimenticia a las emisiones de CO2. El CAT reclama un profundo cambio en el uso de la tierra y en las prácticas agrícolas, con una drástica reducción de la superficie dedicada a la ganadería, unida a una 'relocalización' en la producción de alimentos y una popularización de las dietas 'bajas en carbono'.

En la Gran Bretaña de 'carbono cero' a la que aspira el Centro para la Tecnología Alternativa, los coches serían preferente eléctricos y de uso compartido, se requerirían fuertes inversiones en transporte público y el avión se reservaría para las grandes distancias. En coordinación con el Foro de la Nueva Economía, el CAT presentará en unos meses una estimación económica de sus propuestas, mientras arrima el ascua a las fuerzas políticas para lograr el apoyo a una plataforma energética en las elecciones del 2015.

"Ese futuro está más cerca de lo que creemos, generaría miles de empleos y no supondría grandes cambios a nivel personal", asegura Paul Allen. "Ahora más que nunca nos hace falta recuperar el propósito colectivo y dejar de lado las ideologías. Los políticos deben de dar respuesta inmediata al gran reto que está planteando la ciencia. Gran Bretaña fue el país que abanderó la revolución industrial y ahora tiene el deber moral de abrir el camino a esta transformación inaplazable".

Kim Bryan, portavoz del CAT, describe las características del edificio WISE y las actividades que acoge. 


 

Paul Allen, director del CAT. Fotos: Carlos Fresneda

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