William McDonough: “Hemos empezado a cambiar nuestro modelo productivo y mental”

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Arquitecto pionero de la arquitectura sostenible e impulsor del concepto “Cradle to Cradle” (De la cuna a la cuna), nos recuerda que hay que rediseñar las cosas siguiendo las pautas de la naturaleza, donde todo son nutrientes.

Foto: Isaac Hernández

William McDonough pensaba que todo iba a cambiar mucho más rápido. Entrábamos en el nuevo siglo cuando el arquitecto norteamericano, en paternidad compartida con el químico alemán Michael Braungart, lanzaban su manifiesto “Cradle to Cradle” (“De la cuna a la cuna”), vaticinando un giro radical en la manera de pensar, diseñar y hacer las cosas.

“La idea llevaba en realidad circulando desde los años setenta, cuando el arquitecto suizo Walter Stahel acuñó el término del 'cradle to cradle'”, recuerda McDonough. “En esa década se abrió el horizonte, pero los años ochenta fueron una marcha atrás en muchos sentidos. Entonces llegó la Cumbre la Tierra de Río, donde se asentó finalmente la idea de 'sostenibilidad' y todo hacía pensar que estábamos en el punto de inflexión”.

“Pero los 'felices noventa' fueron otra ocasión perdida”, se lamenta McDonough. “En las últimas décadas hemos tenido dos grandes oportunidades de cambiar el modelo de producción y de impulsar el avance de las energías renovables. Las dos saltaron por los aires. Creo que ahora ha llegado la tercera y definitiva”.

Hasta hace poco, las empresas pensaban que lo verde no era rentable. Pero esa manera de ver las cosas está quedando atrás. La sostenibilidad es la nueva normalidad, y la innovación está en el ADN de las empresas

“El imperativo ecológico es también ahora el imperativo económico, y eso ha marcado la diferencia”, asegura el co-impulsor del concepto “cradle to cradle”. “Hasta hace poco, las empresas pensaban que lo verde no era rentable. Pero esa manera de ver las cosas está quedando atrás. La sostenibilidad es la nueva normalidad, y la innovación está en el ADN de las empresas. Hemos empezado finalmente a cambiar nuestro modelo productivo y mental”.

Todo esto lo dice McDonough a sus 66 años, bastante más sufrido y delgado de como lo recordábamos en nuestro primer encuentro, ahora que empieza a recoger por fin la cosecha. La Base de Sostenibilidad de la NASA en California o la regeneración de la planta de Ford en Michigan son dos de los ejemplos más palpables de sus ideas en acción, así como la ICEHouse, la casa reciclada y reciclable con la que estuvo en Davos y que recoge la esencia de la economía circular.


Reciclada y reciclable, la casa ICEHouse es un ejemplo de las posibilidades de la arquitectura circular.

Su última vuelta de tuerca es el parque tecnológico 20/20, junto al aeropuerto Schiphol de Amsterdam. Allí se han tomado forma sus principios del cierre completo de los ciclos materiales, empezando por el edificio modular (con invernadero/huerta urbana) diseñado y concebido para ser “deconstruido” pieza a pieza, como si fuera un mecano.

“Tenemos que empezar a pensar en los edificios como bancos de materiales”, sostiene McDonough. “Se acabó la arquitectura de usar y tirar. Los vertederos están llenos de materiales muy valiosos que jamás volveremos a utilizar. Y al mismo tiempo, la falta de recursos está llamando a nuestras puertas. ¿Cuándo vamos a darnos cuenta de que vivimos en un planeta finito?”.

En los Países Bajos, las limitaciones “naturales” han creado el terreno abonado para el “cradle to cradle”... “Allí existe una aproximación muy intuitiva a problemas como la escasez de reursos o el impacto ambiental. A los holandeses, que hace años prohibieron los vertederos, no hay que explicarles lo esencial que es separar los ciclos biológicos de los ciclos tecnológicos. La cultura del polder ha creado también el hábito de compartir y buscar soluciones juntos”.


La Base de Sostenibilidad de la NASA se ha proyectado con dos alas para maximizar la iluminación y la ventilación natural.

Le pedimos a McDonough que haga un esfuerzo didáctico y simplifique el concepto del "cradle to cradle" (C2C) para profanos... "Hay que rediseñar las cosas siguiendo las pautas de la naturaleza, donde todo son nutrientes. El residuo es un invento humano, acaso el más pernicioso. Tenemos que pensar en todo momento en el uso presente y futuro de los materiales. Una parte de ellos volverán como “nutrientes” a la biosfera, otra parte se quedará necesariamente circulando en la tecnosfera".

Frente al modelo de “la cuna a la tumba” con el que ha funcionado hasta la fecha el sistema productivo, McDonough propuso en su día la alternativa “de la cuna a la cuna” con su propio sello de certificación. El arquitecto prefiere dejar atrás los problemas en el despegue del concepto y las rivalidades con conceptos más o menos similares. Lo que está claro es que lo que hoy por hoy conocemos como economía circular gira alrededor de la misma idea.

Los primeros requisitos del 'cradle to cradle' son separar los materiales por su metabolismo y tener un plan de gestión de nutrientes: determinar qué se va a hacer con ellos tras su uso

McDonough abraza el concepto de circularidad, aunque recalca en la necesidad de ir más allá en plano ambiental y social, y recuerda cuáles eran los cinco pilares irrenunciables del “cradle to cradle”: "El primer requisito es pues separar los materiales por su metabolismo. El segundo es lo que yo llamo un plan de gestión de nutrientes: determinar qué se va a hacer con ellos tras su uso. El tercer criterio es que estén fabricados con energías renovables, y el cuarto es minimizar el uso del agua y que pueda ser reaprovechada. El quinto, y no menos importante: que los productos sean fabricados con criterios de responsabilidad social".

El listón del C2C es bien alto, pero está técnicamente a nuestro alance, sostiene McDonough. La silla Think de Steelcase, uno de los primeros productos en lograr la certificación, es un claro ejemplo: fabricada con el 37% de material reciclado, el 98% de sus materiales son reciclables.

Edificios enteros, cubiertas exteriores, materiales de construcción, alfombras, césped artificial, tejidos, teclados reciclables, pañales compostables… El universo del "cradle to cradle" se ha expandido desde la publicación del emblemático libro, aunque su impulsor reconoce que no le vendría mal un acelerón.


La silla Think, de Steelcase, uno de los primeros productos con certificado C2C. Está diseñada para ser desmontada y reciclada pieza a pieza. 

"El concepto está ya muy arraigado en países como Alemania y Estados Unidos, pero nos falta dar un salto cualitativo", admite McDonough. "El terreno está muy abonado también en India (donde se identifica con la idea de la reencarnación) o en China (donde se traduce como 'economía circular'). Cada país debe adaptar el concepto a su propia cultura, pero nuestro objetivo es lograr un estándar global. España en general, y Barcelona en particular, tienen una tradición de creatividad e innovación, puestas al servicio del diseño y de una sociedad mejor. Allí percibo una gran fertilidad de ideas, como la campaña “Upcycling the Oceans” que ha lanzado Javier Goyeneche, de Ecoalf. Me parece encomiable tener a los pescadores “pescando” plástico y materiales de nuestros mares que luego se pueden reaprovechar para hacer tejidos o fabricar cosas.”

La meta de McDonough es lograr que el 'cradle to cradle' se eleve a la categoría de ley, que sea algo así como “la certificación pública de la ecoeficiencia". Al arquitecto noteamericano le acusan a veces de un excesivo celo con su certificación. También le critican por el revés sufrido en China, donde sus planes se estrellaron con los deseos de los promotores y con 'problemas de comunicación', pero donde sus ideas de un urbanismo en simbiosis con la naturaleza ha echado raíces.


Park 20/20, de William McDonough + Partners. Se encuentra en Amsterdam y es el primer conjunto arquitectónico concebido bajo el concepto "cradle to cradle".

El C2C evoluciona entre tanto y da pie a tendencias como el 'upcycling' (el reciclaje 'hacia arriba' de los materiales más valiosos) en contraste con el 'downcycling' o el reciclaje 'hacia abajo' que ha sido hasta la ahora la moneda corriente. McDonough no se cansa de citar el ejemplo inmejorable del aluminio: "Reciclando el aluminio usamos el 95% de la energía y ahorramos el 95% de las emisiones que nos costaría fabricarlo por primera vez. No es de extrañar que sigamos usando el 75% del aluminio producido desde 1888...".

Su último mensaje va lanzado a los auténticos agentes del cambio: los ciudadanos, en su vertiente de consumidores… “Hasta ahora hemos vivido como si no hubiera un mañana. Era el modelo del consumismo voraz, el usar y tirar que los norteamericanos hemos exportado al mundo. La mayor aberración de ese modelo ha sido eso que llamamos la 'obsolescencia programada': diseñar y producir las cosas para que duren lo menos posible… Llevamos demasiado tiempo planificando este desastre. Hay que empezar a pensar en el “largo ahora”, a dar por hecho que la especie humana va a vivir mucho tiempo y empezar a pensar en las futuras generaciones”.


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