Yoga para niños

26 Mayo 2017
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Maria y Ju, creadoras de Yoguitos, llevan ya más de dos años sembrando en los niños la semilla del yoga

Yoguitos

Maria y Ju comparten dos pasiones: les encanta el yoga y disfrutan con los niños. Hace dos años y medio decidieron crear Yoguitos, un proyecto dedicado a impartir clases de yoga dirigidas especialmente a los más pequeños. A partir de juegos y respetando siempre su naturaleza, los niños se inician en el yoga y aprenden a respirar, a relajarse y a expresar sus emociones.  Me cuentan que su objetivo es sembrar la semilla del yoga para que los niños crezcan felices y sepan gestionar sus emociones. Por el entusiasmo que desprenden al hablar de su trabajo y por la energía que contagian, no dudo de que lograrán que muchos de sus "yoguitos", sigan practicando el yoga a lo largo de toda su vida.

¿Cómo surgió la idea de crear Yoguitos?

Maria: Yo soy profesora de yoga y, a raíz de tener a mi hijo, empecé a interesarme. Intenté practicar yoga con él y me apunté a un curso de yoga con niños. Ju era mi canguro y también estaba haciendo el curso de profesora para yoga.

Judith: Nos encontramos por casualidad. Ambas teníamos el yoga como actividad personal. A mí me gustan mucho los niños y la pedagogía alternativa, buscar otra cuestión al sistema educativo que tenemos actualmente... Dijimos, a ver qué sale, y montamos el proyecto.

Hasta hace poco en España había muchas clases de yoga para adultos, pero no de yoga específico para niños.
Maria:
Cuando empezamos en España no había casi nada, solo se daba en EEUU y Reino Unido.

Judith: Al principio había otra rama distinta a la nuestra, la del Kundalini Yoga. Nosotros hacemos algo diferente, trabajamos desde la naturaleza del niño, a través de juegos para que se vean motivados, tengan la libertad de elegir, de moverse... Después de 8 horas en el cole, muchos niños están bastante estresados y el yoga es una buena extraescolar para desestresarse.

¿A partir de qué edad se puede practicar el yoga?
Maria:
Nosotras tenemos diferentes grupos. El primero es el de “mamás y bebés”, básicamente es una clase para mamás después del parto. Luego están los “exploradores”, niños de 1 a 3 años, que ya no se quedan quietos, empiezan a gatear, levantarse, siguen un poco la clase... En el grupo de 3 a 6 años, los niños ya se quedan solos, sin las madres. Y luego tenemos los grupos de 7-9 años y de 10-12. Son diferentes edades porque cada edad tiene sus juegos, lo que funciona para un niño de 5 años no sirve para uno de 10.

Judith: Luego tenemos la clase de "Familitos", que es yoga en familia, y las fiestas temáticas, en las que las familias hacen yoga pero todas las actividades giran en torno a un tema.

En general, lo aprendemos todo y nos olvidamos de lo principal, de las emociones. ¿Cómo vas a dirigir al resto del mundo si tú estás mal?

¿Cómo se estructuran las clases?
Judith:
Trabajamos lo mismo que en una clase de yoga para adultos. La clase empieza con tres "oms",  para traer a los niños al espacio. A partir de este mantra, hacemos un saludo al sol, calentamiento de cuerpo, un juego para practicar las posturas, algún juego de respiración en el que les enseñamos a los niños a ser más conscientes de respirar –siempre a través del juego, con pelotas de ping pong, plumas, pañuelos, soplando burbujas...– atención, concentración y relajación. También hacemos una charla del corazón, para descubrir las emociones del niño, cómo le ha ido el día, qué siente, qué pasa a través de su corazón.

¿En qué consiste la charla del corazón?
Maria:
Hablamos con los niños sobre sentimientos y los compartimos. Es algo muy importante porque los niños ven que no es algo que les pasa a ellos solos, por ejemplo, que no es nada malo que se hagan pipí en la cama o que tengan miedo de noche…

Judith: Intentamos que exploren sus emociones. Por ejemplo, si alguien en una clase pega a otro niño paramos la clase y debatimos qué ha pasado, qué han sentido, si nos gusta o no nos gusta algo, si nos emociona…

En general, imagino que las clases tienen que ser muy movidas.
Maria:
Es normal que los niños se desmadren, juegan, es su naturaleza, los niños son así. Unos necesitan más atención, otros no hacen caso…

Judith: Ahora está muy de moda decir que los niños son hiperactivos. Hay mamás que llegan y dicen “mi niño es hiperactivo” y yo les digo “pues todos los niños que tengo dentro de la sala son hiperactivos, porque la mamá anterior también me ha dicho que su niño es hiperactivo y la próxima mamá que venga me dirá lo mismo…”  La intención es escucharlos, atenderlos, observarlos, dejarles un poco la semillita de lo que hacemos, de la práctica del yoga.  No hacemos milagros, tampoco.

Seguro que la mejora se ve con el tiempo.
Judith: Sí, se nota con la práctica, sobre todo en los niños que van regularmente a yoga como extraescolar. El yoga es práctica, es continuo, tanto para adultos como para niños. Si no lo practicas y no le dedicas tiempo, cuesta que tu cuerpo se acostumbre. Es como un idioma, tienes que estar ahí, dedicarle tiempo, observarte, practicarlo y ver qué ha salido.

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muy bueno me gusto es muy bueno trabajar los sentimientos tanto en niños como en adultos

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