Blog de Gerard Arlandes

Soy Gerard Arlandes, filósofo, bailarín y profesor de taichi y educación corporal por la Stillpoint Foundation (Colorado USA.) He desarrollado la técnica Chikung Contemporáneo. He enseñado en Alemania, Holanda, Suiza y Austria. Actualmente dirijo el Centre Gerard Arlandes junto a Sybille Karsch desde 2011. 

Respiramos bien

Es que no respiro bien- me comunica una alumna 

¿Por qué piensas que no respiras bien? -Me intereso 

No sé, siento que me quedo sin aire, que no llega a fondo- me constata azorada. 

Has llegado hasta aquí subiendo las escaleras, tomando el bus desde tu casa, puedes hablar mientras respiras, me ves y me escuchas mientras respiras. Estás respirando bien- le recuerdo. 

Cuando es verano nos apetece tomar fruta fresca o beber, comer ensaladas, bañarnos con agua no tan caliente. Es a causa del efecto que tiene el calor reinante sobre nuestro metabolismo. Cuando llega el calor el metabolismo se ralentiza, como consecuencia de ello, nuestras digestiones también se tornan más lentas y no tenemos tanto apetito. El ser humano se adapta al medio ambiente.

Sobre la amabilidad

Mi religión es simple. No tengo necesidad de templos, ni de filosofías complicadas. Nuestro cerebro y nuestro corazón son el templo; y su filosofía es la amabilidad. Son palabras del Dalai Lama. La amabilidad es un regalo para nosotros y para nuestro entorno.

Es fiesta mayor. Un festín de la naturaleza se ha preparado en silencio, a la hora baja de la tarde, con el sol cayendo a plomo. Inaugurado por un canto lejano y repetido, en aumento paulatino de volumen, cada vez más claro. Primero una y después un coro de cigarras lanzan ondas al aire.

Escuchar es difícil. Escuchar significa que algunas cosas con las que estamos en desacuerdo tiene que quedar en el aire. Pero no hay nada más eficaz para conectar con otros, mostrar respeto, hacerlos sentir y sentirnos mejor que escuchar. Incluso a veces escuchando podemos resolver problemas juntos.

En cualquier caso, escuchar no sólo vale la pena, sino que es esencial. ¿Cuál es la mejor manera de escuchar las palabras que se dicen y las emociones y preocupaciones que están por debajo de ellas?

Los milagros son comparables a las piedras: están por todas partes ofreciendo su belleza y casi nadie los ve. Estoy aquí ahora mismo, escribiendo, mis manos se mueven con ligereza por el teclado, percibo la luz de la pantalla, oigo a los niños del vecino que acaban de llegar, a la lejanía se escucha el rumor de la calle. 

Todos tenemos secretos y parece que nadie los quiere. Estamos en la era en la que es fácil compartir enseguida aquello que sentimos o percibimos. El poder de la comunicación es tal que parece que solamente aquello que se comunica o se muestra tiene valor.

Nos bombardean las informaciones y ya no damos abasto a dar cuenta de ellas y procesarlas. La amabilidad se pierde en el alud de noticias e emails que recibimos cada día.

La rapidez con la que se suceden las cosas en internet es una suerte, pero tiene sus hándicaps. Va tan veloz y es tal su cantidad que no le damos valor y perdemos la buena costumbre de dar las gracias.

En nuestro interior se sucede continuamente la más interesante conversación. Desde el despertar establecemos un dialogo con nosotros mismos y si durmiendo soñamos, recibimos mensajes constantemente. Es un milagroso diálogo volátil o persistente que tiene forma de teatro, novela, poema, historia o cuento. Nuestro diálogo interior se compone de sueños, intuiciones, preguntas, emociones, pensamientos lógicos o irracionales.

Somos como las olas del mar. Nuestro humor va y viene, nuestro ánimo cambia dependiendo de si luce el sol o está nublado, de si el calor aprieta o si el frío nos contrae, de si llueve o si nieva: Ganas y desganas, despertares o aquietamientos, reacciones o acciones, bienvenidas o despedidas se suceden en nuestro diálogo interior, ese que no para desde que despertamos hasta que nos vamos a dormir. Y siempre nos encaminamos o nos alejamos paulatinamente hacia una cosa u otra.

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