Naturismos sobre la ÉTICA ECOLÓGICA

Naturismos sobre la ÉTICA ECOLÓGICA

Animado por la certeza de que la mejor secuela de la inteligencia humana es la ética. Desolado por la práctica desaparición de la misma en los modelos educativos básicos. Alarmado por el intento de erradicar la vivacidad de la enseñanza primaria... me animo a compartir, una vez más, algunos pensamientos relacionados con lo que deberían ser nuestras consideraciones y conductas básicas a la hora de mejorar las relaciones con el derredor.

La ética trata de proteger a lo débil. Hoy sabemos que poco, o nada, tan indefenso como la vivacidad.

La biosfera y la vivacidad son de todos los que la componemos. El devastador concepto de que es propiedad de una sola especie es la primera miseria moral.

Defendiendo al conjunto de lo viviente lo hacemos también de lo necesario para nuestra propia estirpe. Los primeros beneficiados de la ética ecológica somos los humanos, que en su inmensa mayor parte no sólo no la practican sino que la desdeñan.

No conozco mejor disciplina que la desobediencia a este modelo de civilización amoral.

A menudo NO HACER, NO CONSUMIR resulta un descomunal principio ético. 

La proximidad, casi igualdad, de los códigos genéticos debería darnos una pista.

Nuestra filosofía moral consiste en incluir en los horizontes de la ética todo lo que vive entre los horizontes del paisaje.

La ÉTICA ECOLÓGICA es un afable viaje desde el encontronazo al encuentro. Con los paisajes, con la vida, con nuestra propia sensibilidad...claro.

La NATURA, es mucho más un campo de maniobras para la paz que la pretendida escuela de competitividad.

No se trata de crecer, ni de multiplicarse, ni muchísimo menos de dominar la Tierra. Se trata de vivir con la VIDA.

Algún día consideraremos un principio moral imprescindible ser una digna y cooperadora parte de un todo insustituible.

Pocos modelos éticos superan al que sugieren y practican el agua, las raíces... 

Respetar - re expectare es mirar hacia atrás - quiere decir, en efecto, tener consideración por lo que nos precede.  Y nos precede mucho más que nuestros progenitores. Ancestro nuestro es el derredor entero.

Poco, o nada, más valioso y valeroso que ser pacífico con lo que no puede agredirte. La destrucción del derredor es, además de un error, una absoluta cobardía.

La ÉTICA ECOLÓGICA tiende a incrementar nuestra inocencia.

Formar parte del mayor espectáculo del universo debería, por lo menos, movilizar la admiración que es uno de los mejores antídotos contra la violencia.

El primer principio ÉTICO ECOLÓGICO y el más novedoso es temer a tu propio poder. No hay más poderoso contrapoder que no usar poder alguno.

No esperes a nadie para hacer lo que consideras correcto hacer. 

Nunca antes, código ético alguno, se planteó considerar nuestra responsabilidad para con lo futuro. Cuidamos de lo que no existe todavía.

Tenemos en cuenta lo precedente y lo respetamos, pero no menos a los porvenires para asegurarles la suficiente vivacidad que les permita llegar.  Es decir incluimos nuestro origen en nuestro destino: conservamos el futuro.

Si te resulta muy cómodo y rápido es casi seguro que hará daño a algo o a alguien.

Actuamos pacíficamente también con los animales porque sabemos que todos los vertebrados superiores tienen sistemas nerviosos que les puede provocar sufrimiento caso de que se les prive de libertad, torture, hiera o mate.

Comprender a lo que te comprende. Recordemos que la segunda acepción de la  palabra es el derredor.

Y, sobre todo, que por ti o para ti, no sufra merma nada de lo y los demás.

Un haiku como descanso:

Nutrirnos de paz
es multiplicar nuestra
inteligencia.

Peleamos, claro y debemos estar orgullosos, por un mundo habitable para todos. Pero también por resultar nosotros habitables para el mundo. Por llegar a ser el hogar de nuestro hogar.

Continuamos trabajando para que continúe la continuidad.

Las otras formas vivas no se rigen por principio moral alguno pero merecen consideración por parte de los que sí podemos llegar a tenerlos. Es más, en este planeta las reparaciones deberían proceder de los que provocaron los daños. A los que no esperamos aunque nosotros hayamos contribuido poco, o nada, a la degradación.

No hay ética sin optimismo y voluntad. Por eso acabo con lo que podría ser el principio:
COMO NO DEBE SER ASÍ, PUEDE NO SER ASÍ.

GRACIAS Y QUE ESTE PROCEDER, Y LO VAMOS A CONSEGUIR, OS ATALANTE.