Brenda Chávez: “Los consumidores podemos forzar el cambio”

Brenda Chávez (Madrid, 1974) conoció desde muy dentro el entramado de la sociedad de consumo. Fue redactora-jefe de “Vogue” y subdirectora de “Cosmopolitan”, antes de experimentar un profundo cambio que le llevó a cuestionar su propio estilo de vida. Tres años duró su travesía, investigando los efectos de nuestro consumo voraz y descubriendo sobre la marcha las alternativas.

Tu consumo puede cambiar el mundo (Península) es el fruto de esa intensa y larga búsqueda, condensada en 643 páginas donde se alternan los datos demoledores, los juicios críticos y los consejos prácticos, con un llamamiento final a “votar” con nuestra conciencia y nuestro bolsillo: “Utopía o no, la única forma de saber lo que ocurrirá en el futuro es contribuir a crearlo desde el presente”…

¿Los pequeños cambios pueden realmente cambiar el mundo? ¿No hace falta más bien un cambio sistémico?
Los pequenos cambios son muy necesarios, pero no nos engañemos: mañana no va a cambiar la macroeconomía. Los consumidores, eso sí, podemos poner nuestro granito de arena y forzar ese cambio en las empresas, y en última instancia en las administraciones y en los gobiernos, que tienen que regular y hacer su trabjo. Muchos de los abusos corporativos que recojo en el libro no son hechos anecdóticos, sino problemas sistémicos y sistemáticos. Los consumidores no podemos forzar un cambio de la noche a la mañana, pero sí podemos poco a poco equilibrar la balanza, y poner los factores sociales y ambientales sobre la mesa.

En su libro sostiene que el cambio de conciencia está calando. En las últimas décadas hemos visto sin embargo tendencias que han caído trituradas o desvirtuadas por el sistema ¿No acabará pasando lo mismo con el consumo sostenible? 
Todo lo que está pasando ahora es fruto del trabajo de varias décadas. Cada generación ha ido recogiendo el testigo de la anterior. Muchas de las corrientes que vemos ahora, del consumo justo al minimalismo, vienen de los años sesenta y han evolucionado con el tiempo. Lo que creemos que “desaparece” es simplemente porque no tiene visibilidad en los grandes medios. Yo he trabajado en ellos y me dediqué durante años a hacer más marketing que otra cosa. Por eso decidí apartarme y tomarme un tiempo para investigar a fondo las alternativas, que están mucho más a mano de lo que parece… Hay estudios que demuestran que hay 2.500 millones de consumidores en el mundo que quiere hacer las cosas bien. En estos momentos tenemos la conciencia, la masa crítica y la tecnología para impulsar el cambio.

Pero la tecnología es también un arma de doble filo ¿El consumismo “online” no está derivando acaso hacia un nuevo consumismo de “click”?
Desde luego el consumo online es más emocional, rápido e impulsivo que el consumo normal, para el que te tienes que pasear por tiendas, mirar, probar… En el consumo digital, pierdes el contacto real y humano. Por no hablar de todos los inputs que recibimos cada día gracias a que dejamos  "miguitas de pan", para que las marcas sepan mejor que nunca nuestros gustos y hábitos y nos inciten a la compra cuando navegamos por la red. Hay un dicho muy cierto: “Cuando algo es gratis, el producto eres tú”. Y eso lo que pasa en las redes sociales. Son un gran estudio de mercado personalizado… El consumidor está más espiado que nunca. Y eso por hablar del impacto en el transporte. Aunque también es cierto que internet ha abierto las puertas a “start ups” muy interesantes y que permite acercar a productores y consumidores.

¿Cuáles son las dos decisiones como consumidores que pueden tener más impacto?
Lo mejor para empezar es cambiar de energía y cambiar de banco. Son dos pasos muy sencillos que cualquiera puede hacer. Abonarse a una cooperativa de energías renovables es dejar de ser cómplices de las energías fósiles, que son las mayores responsables del cambio climático. Los bancos son “la mano que mece la cuna”. Quien quiera poner su dinero al servicio de proyectos que no sean nocivos para el medio ambiente y la sociedad tiene hoy por hoy una alternativa: la banca ética.

¿Qué me dice de la moda? ¿Etica y estética son compatibles?
La moda es la segunda industria más contaminante del mundo. No les queda más remedio que ponerse las pilas porque la gente lo está demandando. Por detrás de los desfiles y las pasarelas hay una realidad muy brutal de explotación laboral, impacto en el medio ambiente y precariedad en la cadena de producción…

Pero la gente sigue haciendo cola en Primark... ¿El factor precio no sigue siendo un obstáculo?
Hay que cambiar de prioridades, eso está claro. No podemos trasladar sin más un modelo de consumo convencional a otro de consumo sostenible. Se trata de consumir menos y más conscientemente. Y de respaldar con tu bolsillo un modelo que se ajuste con tus valores. Lo que te cuesta más por un lado es lo que dejas de gastarte en compras innecesarias.

El sector de la alimentación lleva años sirviendo de avanzadilla ¿Somos los que comemos?
Por supuesto, y déjame poner un ejemplo que va más allá de la verdura local y orgánica. No es lo mismo consumir un café cualquiera en el supermercado (que posiblemente tiene una huella de explotación laboral y de contaminación ambiental) que uno de consumo justo que garantiza el respeto a los trabajadores y al medio ambiente, y la contribución con tu dinero a proyectos de desarrollo comunitario.

De los otros sectores que analiza en el libro, ¿cuál es el que necesita un cambio más apremiante?
Posiblemente el sector farmacéutico, que ha convertido la enfermedad en un negocio. Por no hablar de la cosmética, que ha hecho de las mujeres “beauty victims”, o la obscena contradicción de la explotación infantil para fabricar productos para niños… En el fondo, estamos ante un problema de educación, de fomentar el espíritu crítico desde la escuela y aplicarlo al consumo.

En su libro nos previene contra la nueva “cabalgada” de la economía “cowboy” y reinvindica no obstante el valor de la utopía…
Me remito efectivamente a Kenneth Bowling, que acuñó en los años sesenta el concepto de la economía “cowboy” y que recalcaba que solo los locos o los economistas pueden creer en un crecimiento sin límites en un planeta con recursos finitos… Estamos ya consumiendo el equivalente a 1,7 planetas todos los años y comprometiendo los recursos para las generaciones futuras. Va siendo hora de parar la cabalgada. Estamos hartos de que nos digan que hay cosas que no se pueden hacer. Tenemos alternativas y están ahí. La utopía es real y se puede palpar.

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