Las plantas de tu huerto, fuente de más salud

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Los cultivos locales contienen interesantes sustancias protectoras de nuestra salud.

Entre las muchas ventajas del huerto en casa, suele valorarse sobre todo disponer de alimentos frescos y cultivados de forma sana y ecológica –sin abonos químicos o plaguicidas potencialmente tóxicos–, pero hay un aspecto relacionado con la capacidad de las plantas para hacer frente a las agresiones del medio sintetizando sustancias protectoras que, siendo poco conocido, resulta de vital importancia para quienes buscamos la salud a través de la alimentación. 

Se han constatado mejoras sorprendentes en problemas alérgicos con el consumo de alimentos de producción local

Desde hace tiempo, los diferentes estudios comparativos realizados –tanto cuantitativos como cualitativos– muestran mayores proporciones de nutrientes básicos –proteínas, vitaminas, sales minerales y sustancias antioxidantes– en los alimentos cultivados con métodos ecológicos que en aquellos que han sido cultivados con profusión de agroquímicos. Pero lo que más sorprende a los investigadores es el alto contenido de sustancias fitoprotectoras y bioflavonoides en las verduras y frutas de cultivo ecológico. Cuanto mayor contenido de estas sustancias hallemos en un alimento, más saludable y terapéutica resulta su ingesta.

De hecho, se han constatado mejoras sorprendentes en graves problemas alérgicos a partir del consumo de alimentos de producción local. Ello se debe en parte a que las plantas que cultivamos en el huerto o que crecen cerca de donde vivimos contienen interesantes sustancias protectoras de nuestra salud.

Cuando la plantas son cultivadas en un ambiente muy controlado y protegido de las inclemencias exteriores –como en un invernadero con temperatura y riego controlados, suministro regular de nutrientes solubles y control químico de posibles plagas, enfermedades, parásitos o virus–, las plantas se desarrollan más rápido y alcanzan mayores tamaños que cuando crecen al aire libre, ya que no sufren estrés y no tienen que gastar energías en protegerse de las agresiones de su entorno. Puede parecer una ventaja, y la agroquímica lo enarbola como argumento a su favor, pero lo que puede parecer una ventaja productiva –ya que permite mayores cosechas en menos tiempo– se convierte en una desventaja cuando se busca mayor calidad nutricional y más salud para el consumidor.

Mejor, al aire libre

En la práctica, las plantas que crecen al aire libre, expuestas a las agresiones del entorno–frío, calor, radiación solar, virus, contaminantes químicos ambientales–, tienen que gastar mucha energía y recursos en generar sustancias de protección ante dichos agresores; lo cual repercute en un desarrollo más lento que si estuvieran más protegidas. Puede parecer una desventaja que conduce a veces a sobreproteger –con métodos ecológicos– las plantas cultivadas, pero sería un error nutricional y las convertiría en menos nutritivas y menos saludables que si las cultivamos directamente al aire libre, soportando riesgos e inclemencias.

Tienen un efecto regenerador y protector que difícilmente hallaremos en alimentos procesados y en plantas cultivadas lejos de donde vivimos

Las plantas que sufren estrés ambiental y son atacadas por virus, parásitos, hongos o contaminantes químicos presentes en el aire son más saludables que las que crecen protegidas en un invernadero, y tiene que ver con el hecho de que los seres humanos compartimos con el resto de plantas y animales, hormonas, genes y muchos procesos biológicos; por lo que es fácil entender que las sustancias antioxidantes, antimutágenos, bioflavonoides, vitaminas y demás sustancias fitoprotectoras que sintetizan las plantas en un ambiente determinado resultan igual de efectivas protegiéndolas a ellas que protegiéndonos a nosotros de las agresiones del entorno.

Por ello, cultivar nuestro huerto y comer las plantas que se han desarrollado expuestas a las mismas agresiones ambientales que nosotros es la mejor vacuna, con efectos preventivos y paliativos, ya que reforzarán nuestro sistema inmune, aportándonos sustancias antioxidantes y regeneradoras, vitales para gozar de buena salud y disfrutar plenamente de la vida.

La conclusión es que cada vez está más justificado comer alimentos que han sido cultivados cerca de donde vivimos, ya sea por agricultores locales o en nuestro propio huerto. La salud y vitalidad que nos aportan dichos alimentos va más allá de un simple aporte nutricional de calidad: tienen un efecto regenerador y protector que difícilmente hallaremos en alimentos procesados y en plantas cultivadas lejos de donde vivimos, ya que estas habrán desarrollado sustancias fitoprotectoras para protegerse de las agresiones de su entorno, las cuales, aunque se parezcan, no son las mismas a las que nosotros estamos expuestos.

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