¿Qué es la biorresonancia?

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La terapia de biorresonancia parte de la existencia de campos electromagnéticos que gobiernan el funcionamiento de células, órganos y sistemas corporales. 

¿Están utilizando los médicos los conocimientos de la física más reciente? La medicina todavía confía básicamente en la acción de las sustancias químicas o del bisturí. Aún es una disciplina “materialista”, a pesar de que la ciencia hace tiempo que traspasó los umbrales de lo tangible a la hora de describir una realidad esencialmente “energética” desde Albert Einstein. 

Esto no quiere decir que los médicos no utilicen medios eficaces, sino que muchos todavía no valoran los tratamientos en los niveles descritos por la física cuántica. Una excepción es la biorresonancia, terapia que se basa en la acción sobre los campos de información que gobiernan el funcionamiento celular. Cada célula, cada órgano e incluso cada organismo tiene su frecuencia electromagnética específica que puede ser identificada. Los teóricos de la biorresonancia afirman que, si el campo electromagnético está en orden, el cuerpo está sano. En cambio, cuando está alterado se produce la enfermedad: las vibraciones electromagnéticas inharmónicas mantenidas en el tiempo están en el origen de alteraciones que luego se manifiestan también a través de cambios químicos. 

Para favorecer el establecimiento de un campo electromagnético correcto, es decir, para recuperar la salud, se recurre a determinados aparatos, como los utilizados por la terapia Mora, desarrollada en 1975 por el médico alemán Franz Morell y el ingeniero Erich Rasche. 

Las frecuencias del cuerpo

Los aparatos trabajan con las propias frecuencias electromagnéticas del cuerpo (ultra baja frecuencia) para restaurar la normalidad y favorecer la acción de las fuerzas autocurativas del organismo. Expresado de otra manera, proporcionan al cuerpo la información ordenada que precisa. 

La resonancia es el mecanismo biofísico por el que la frecuencia inducida afecta el órgano o sistema desequilibrado. Los campos energéticos de órganos y sistemas corporales están intercomunicados, de manera que cada uno influye y es influido por los demás. El organismo es comparable a una orquesta sinfónica: cuando un violín desafina arrastra a sus compañeros y el conjunto suena mal.

Desde esta visión de la salud y la enfermedad, se entiende además que cuando un medicamento funciona es porque favorece la recuperación del equilibrio energético, pero actuando desde la química. Por este camino los efectos secundarios son normales —porque se actúa groseramente desde lo material, por decirlo de alguna manera—, mientras que la terapia de biorresonancia no tiene consecuencias indeseables.

Los teóricos de la biorresonancia afirman que toda terapia constituye, en última instancia, un intercambio de información con el sistema biológico. Este puede concebirse como un sistema de recepción, procesamiento, análisis, almacenamiento y emisión de información. Por eso es posible que tratamientos mecánicos, químicos, eléctricos o verbales produzcan un efecto final comparable, pues tienen el común denominador de la información. Con una aspirina, un masaje, una aguja, un láser, o un consejo, pueden obtenerse, en ocasiones, efectos similares.

El medio de acción de la biorresonancia es comparable al que utiliza la homeopatía desde hace más de 200 años. La eficacia de los remedios homeopáticos se basa en la información que aportan, puesto que no conservan moléculas de los principios activos utilizados en su elaboración.

Por otra parte, la acupuntura y otras terapias que actúan a nivel energético —sobre el chi o el prana—se puede entender que lo hacen, en lenguaje occidental, sobre la información ordenadora.

Medicina china

Por eso no es extraño que los modernos terapeutas de la biorresonancia utilicen los conocimientos de la medicina tradiacional china (MTC). Así, los acupuntos se convierten en la mejor vía de entrada para las frecuencias electromagnéticas. 

La relación entre MTC y birresonancia occidental se remonta a los años 50. Por entonces médicos alemanes dirigidos por Reinhold Voll descubrieron que los acupuntos poseían propiedades eléctricas. El doctor Voll inventó máquinas para localizar los puntos y estimularlos suavemente. A comienzos de los años 70, otro alemán, el doctor Helmut Schimmel, creo una versión simplificada del aparato de Voll, conocida como máquina de Vega, que fue la base de la máquina Mora mencionada más arriba. 

Los aparatos de biorresonancia actuales trabajan con las frecuencias de onda corporales y con otras externas. Por ejemplo, el aparato BICOM funciona de la siguiente manera: mediante electrodos recoge las frecuencias electromagnéticas en determinados puntos del cuerpo, se modifican en el aparato y se dirigen de nuevo al paciente. Entonces entran en resonancia con las vibraciones corporales y les aportan un nuevo orden. La eficacia se basa en la capacidad para provocar una resonancia exacta, no tanto en la repetición del tratamiento o la intensidad de los impulsos eléctricos.

Además el aparato puede dirigir vibraciones de ciertas sustancias. En este caso, por ejemplo, el sistema crea una frecuencia contraria a la de la sustancia tóxica o el alergeno que está provocando el problema de salud. Así se intenta provocar una reacción de adaptación correcta por parte del organismo. Incluso existe una terapia homeopática que utiliza los medios de la biorresonancia: el aparato tiene almacenadas las frecuencias electromagnéticas de los remedios, que pueden ser usadas para la terapia.

Diagnóstico

Los aparatos de biorresonancia también sirven para realizar el diagnóstico. Los terapeutas analizan la reacción de los campos electromagnéticos del cuerpo al entrar en contacto con determinadas sustancias, como alimentos que suelen generar intolerancias, metales pesados tóxicos, hongos o virus. También se buscan campos alterados en los lugares donde el paciente presenta los síntomas, o se examina la reacción del cuerpo al permanecer en distintos lugares para buscar respuestas anormales a factores del entorno. 

La duración del tratamiento depende del caso particular. En los síntomas agudos, los terapeutas aseguran que consiguen una mejoría inmediata destacable, o incluso una curación completa con una sola sesión. Los niños reaccionan de una manera especialmente rápida y positiva. En las enfermedades crónicas las mejorías significativas aparecen tras unos pocos meses de tratamiento. 

A pesar de la eficacia que reclaman los terapeutas y de la base teórica aparentemente racional, la medicina convencional occidental considera la biorresonancia como mera magia vestida de ciencia. 

Es así aunque existan estudios sobre el efecto de las radiaciones electromagnéticas. Se sabe que algunas frecuencias tienen acción directa sobre las concentraciones de calcio en el interior y el exterior de las células, que es un aspecto crítico para la transmisión de información biológica. Algunos tratamientos de magnetoterapia y electroterapia son reconocidos por su utilidad en el alivio del dolor y en la rehabilitación de lesiones. Asimismo, la terapia neural, aunque no forma parte de los tratamientos protocolarios, es practicada por médicos de reconocido prestigio en sus consultas y su eficacia se basa, entre otras acciones, en su capacidad para restablecer el potencial eléctrico de la membrana celular mediante inyecciones de la sustancia analgésica procaína.

Pioneros ilustres

Las investigaciones sobre el efecto de los campos electromagnéticos en el cuerpo humano tienen ilustres pioneros. El profesor Harold Saxon Burr, de la Universidad de Yale, expuso en 1935 junto con el  profesor Northrop, que todo organismo posee un campo electromagnético, al que llamó Campo-L. Más tarde añadió que las variaciones de este campo se corresponden con procesos patológicos.

Leonardo Ravitz, alumno de Burr, precisó en los años 60 que los campos electromagnéticos no son una consecuencia de las actividades biológicas sino que las controlan. Por las razones que fueran (el poder de la industria farmacéutica o inmovilismo académico-científico), la aplicación terapéutica de las radiaciones electromagnéticas no convenció al establishment médico de Europa y Estados Unidos, por lo que se desarrolló en el terreno de las medicinas complementarias. 

En cambio, en la antigua Unión Soviética sí tuvo todo el apoyo oficial. A partir de los años 50 se desarrolló toda una compleja investigación científica sobre los efectos biológico y terapéutico de las vibraciones electromagnéticas coherentes. En los hospitales soviéticos se utilizaban microondas de baja intensidad (entre 30 y 300 GHz) para tratar artritis, úlceras, esofaguitis, hipertensión, dolor crónico, apoplejías, desórdenes neurológicos y para paliar los efectos de la quimioterapia contra el cáncer. Estos tratamietnos continúan realizándose en Rusia y Ucrania, donde miles de personas reciben terapia de resonancia con microondas sobre puntos de acupuntura específicos. 

Los estudios rusos se han visto afectadas por la caída del régimen soviético y la actual crisis. Algunos investigadores se han convertido en propagandistas de nuevos aparatos para tratamientos insuficientemente probados, pero existen científicos que continúan realizando un trabajo de gran altura, sobre todo a nivel teórico. Las teorías de Peter Gariaev sobre la naturaleza cuántica, holográfica y “textual” del sistema de control del organismo —el ADN— son un buen ejemplo (según sus trabajos, es posible recoger y transmitir radiación electromagnética que contiene información genética).

¿Un sistema de información basado en la luz?

El ADN emite fotones —partículas de luz que se propagan como ondas electromagnéticas— a un ritmo específico y constante (cualidades del rayo láser). Todas las células emiten luz, excepto las que carecen de núcleo, y más concretamente luz blanca. Según las investigaciones de Fritz Albert Popp, la cantidad emitida depende del estado fisiológico, de los cambios internos y la influencia del entorno (temperatura, alimentación...). Y la cantidad mayor es liberada cuando la célula está en crisis o muere (es el momento en que se gastan o transforman las reservas de energía).

La ciencia convencional considera este flujo de luz como un simple residuo de los procesos metabólicos, sin más significado. Sin embargo, científicos como Garayev están convencidos de que la luz es el medio de transmisión de información a escalas cuánticas. Este sistema de información sería esencial para la expresión de los genes, la actividad mental y la regulación de todo el organismo. Mediante tecnologías láser e informáticas podría ser recogida, manipulada y transmitida de nuevo al organismo. Sin embargo, esta línea de investigación no está siendo tenida en cuenta por los investigadores en genética, ni por los estudios médicos en general. 

Estos trabajos y otros similares que se llevan a cabo en Europa comienzan a definir lo que podría ser la medicina cuántica del futuro: una que llega hasta las profundidades donde el nivel energético controla el comportamiento del nivel material. En el terreno de las aplicaciones terapéuticas los avances ya se están produciendo: Bjorn Nordenström, formado en el prestigioso Instituto Karolinska de Estoscolmo, asegura haber descubierto un sistema de circuitos eléctricos cerrados en el cuerpo que explican el proceso de autocuración, y ha desarrollado un tratamiento electrofarmacológico prometedor para algunas metástasis tumorales (consiste en teledirigir un antimetabolito hacia un sitio eléctricamente activado mediante un voltaje adecuado).

La biorresonancia es un territorio límite de la ciencia donde pueden producirse sorpresas en un futuro inmediato, pues si algún día la física cuántica entra en los ámbitos de la biología y la salud, lo hará seguramente por esta puerta. 

Principales indicaciones

Los terapeutas de la biorresonancia afirman que puede tratar prácticamente cualquier problema de salud. Pero si hay que destacar algunas indicaciones, éstas son la alergia y las intolerancias. Por el contrario los límites de la terapia están en los problemas hereditarios y los trastornos psíquicos graves. En todos los casos la biorresonancia puede ser complementaria de otras terapias naturales o convencionales. 

Alergias. Los aparatos de biorresonancia pueden testar la reacción del cuerpo a las principales sustancias alergenas. Mediante tratamientos específicos se puede reprogramar la reacción del organismo.  

Tratamientos dentales. Algunas personas son especialmente sensibles a las amalgamas dentales. Esta sensibilidad puede ser detectada mediante el diagnóstico de biorresonancia. Muchos dentistas bioenergéticos utilizan la inducción de frecuencias electromagnéticas en el marco de sus tratamientos.

Infertilidad. En muchos casos las parejas no pueden concebir a pesar de que las exploraciones médicas no detectan un problema que lo impida. La causa de la infertilidad puede ser una sobrecarga geopática o una alteración que afecte al sistema hormonal. También se pueden tratar los periodos menstruales irregulares o dolorosos. 

Neurodermitis. Se trata de una enfermedad muy molesta que a veces se confunde con la psoriasis. Puede deberse a intolerancias alimentarias, infestación por hongos intestinales, debilidad del hígado o de los riñones —trastornos detectables mediante los diagnósticos de biorresonancia. 

Enfermedades óseas. Existen muchos estudios sobre la eficacia de los campos electromagnéticos pulsátiles en la regeneración de los huesos. Se utilizan para acelerar la curación de fracturas o en el tratamiento de la osteoartritis y la osteoporosis. También son útiles las ondas de muy baja frecuencia y baja intensidad.

El espectro electromagnético terapéutico

Las ondas electromagnéticas se clasifican según su frecuencia o longitud de onda. Se han definido una serie de bandas de frecuencia o regiones del espectro, en las que la radiación muestra propiedades peculiares: ondas de radio, microondas, infrarrojos, región visible, ultravioletas, rayos X y rayos gamma. En terapia de biorresonancia se utilizan las ondas de radio y las microondas. 
Ondas de radio. Su longitud de onda varía entre entre algunos kilómetros y 30 cm. Son generados por circuitos oscilantes y se usan principalmente en telecomunicaciones (radio y televisión). Las de muy baja frecuencia son utilizadas en la biorresonancia de tradición alemana (electroacupuntura de Voll, Mora y Vega terapias). Se atribuyen distintos efectos terapéuticos a distintas frecuencias:
Microondas. Su amplitud de onda es de 30 a 1mm. Las de alta frecuencia (30 - 300 GHz) y amplitud de 1 a 10 mm son las utilizadas en la biorresonancia de escuela rusa y ucraniana. Sus características son similares a las microondas producidas por las células, por tanto son completamente seguras. En cambio, las microondas de frecuencia mucho más baja, como las que se utilizan en la comunicación entre teléfonos móviles, pueden tener efectos negativos sobre el organismo.

 

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