El “mapeo” global de la economía circular

La economía circular sigue dando vueltas y más vueltas, pero nadie sabe exactamente en qué punto estamos. El concepto viene de largo, aunque se terminó de acuñar hace una década, y cada vez son más las empresas, las consultoras e incluso las ciudades que se abonan a la idea que consiste, esencialmente, en “curvar” la economía lineal con la que hemos funcionado hasta ahora.

“Con el sistema actual, estamos viviendo por encima de los límites del planeta”, advierte Nicola Cerantola, el ingeniero, consultor y comunicador italiano que tanto ha hecho por la difusión de la economía circular en nuestras tierras. “Los recursos se acaban, y ése es un mensaje que captan al vuelo las empresas. La transición está en marcha y es el momento de adaptarse, por puro sentido común y por el bien del planeta”.

Cerantola llegó a la economía circular por la vía del diseño verde y a través de Ecologing. Un día cayó en sus manos “Cradle to Cradle” (“De la cuna a la cuna”), el libro del arquitecto William McDonough y del químico Michael Braungart, y el círculo empezó a cerrarse. Nómada por naturaleza, con la tabla de surf bajo el brazo, vio venir de lejos la ola y hoy por hoy se siente más o menos en la cresta, “totalmente desbordado” por el interés y la demanda que provoca el tema.

Del 5 al 11 de febrero, Cerantola se sumó al “mapeo” de la economía circular realizado simultáneamente en 67 ciudades: de Madrid a Nueva York, pasando por Buenos Aires, Ciudad del Cabo, Río de Janeiro, Singapur, Taipei o Londres. En la capital británica tiene precisamente su epicentro el Circular Economy Club (CEC), que organizó el singular evento para catalogar las empresas, “start ups”, instituciones, diseñadores, consultorías e iniciativas que se han sumado al nuevo paradigma económico.

“No se trata de reinventar la rueda, sino de evaluar lo que tenemos, compartir experiencias y seguir avanzando”, advierte Anna Tarí, la alicantina de 28 años que fundó el CEC en Londres. “Todos sabemos que el interés va a más, pero nos faltan puntos de referencia. Mapear las ciudades es la mejor manera de “mapear” el mundo, y pronto tendremos un extenso informe sobre todo lo que hemos descubierto en este desafío global”.

Anna Tarí, fundadora del Circular Economy Club (CEC). 

“Sabemos que la pauta la han marcado hasta ahora Países Bajos y Reino Unido, con iniciativas como Circular London o Zero Waste Scotland, pero no tenemos información suficiente de lo que está pasando en otros países”, reconoce Tarí. “En España hay referentes importantes como la Fundación Economía Circular en Madrid, la Circular Economy European Summit en Barcelona o el Circular Lab de Ecoembes en La Rioja. Pero no tenemos aún una ciudad como Amsterdam o Peterborough, dispuestas a abanderar la economía circular”.

En Madrid, el testigo lo recogieron la emprendedora Patricia Pérez Masegosa y el periodista Santiago Lozano, con Nicola Cerantola y el consultor iraní Sharam Yalda como padrinos de excepción. “El concepto de residuo solo se entiende en la especie humana: no hay ningún otro animal en la naturaleza que genere basuras”, explicó  Cerantola en el espacio cedido por la Escuela de Organización Industrial (EOI) para realizar el “mapeo” autóctono.

“La revolución circular se acabará imponiendo por lógica”, asegura el ingeniero italiano. “Circularizar un negocio significa innovar en el diseño, fidelizar a los clientes, mantener el control sobre los recursos y la cadena de suministro y encontrar oportunidades rentables en el presente y resilientes en el futuro. En suma, asomarse a la economía con nuevos ojos…”

 Amsterdam. Los Países Bajos son el referente mundial de la economía circular, con iniciativas como el Circular Hotspot en el aeropuerto de Schiphol, el parque tecnológico 20/20 diseñado por William MdDonough o los proyectos que aspiran a convertir la zona postindustrial de Buitsloterham en un barrio circular. La “start up” Circle Economy ha completado en Amsterdam el primer “escaneado” de todos sus sistemas (energía, agua,alimentación, construcción, transportes, residuos) para aplicar una estrategia circular que generará 230 millones de euros de valor, permitirá ahorrar 900.000 toneladas en materiales y generará 1.900 puestos de trabajo.

 Londres. “Circular London” es una iniciativa lanzada en el 2017 por el Panel de Residuos y Recliclaje de la capital británica (LWARB), que se ha fijado una hoja de ruta hacia el 2036. De aquí a entonces, se estima que los beneficios netos de la estrategia circular serán de más de 8.000 millones de euros, con la creación de 12.000 nuevos puestos de trabajo y la adaptación de la ciudad a la presión de 11 millones de habitantes.

 Peterborough. La ciudad de 180.000 habitantes a la eterna sombra de Cambridge ha incorporado la circularidad a su ADN y ha convertido las siete Rs en su pauta de acción: Repensar, Rediseñar, Reusar, Reparar, Remanufacturar, Recuperar, Reciclar... “Las pequeñas ciudades son el laboratorio ideal para poder experimentar”, adierte Katie Thomas, al frente de la oficina local de economía circular. “Aquí podemos encontrar las soluciones a los retos urbanos y aplicarlas luego en mayor escala en cualquier lugar”.

 París. La alcaldesa de la capital francesa, Anne Hidalgo, ha impulsado el “Libro Blanco de la Economía Circular” para todo el área metropolitana, con 65 iniciativas que afectan a 124 municipios y con el objetivo de revitalizar la economía regional y promover un modelo de producción y consumo “más social, sostenible y colaborativo”.

 Milán. Bajo los auspicios del “chef” Massimo Bottura y de la organización Recup, se puso en marcha el proyecto de recuperación de comida más ambicioso del mundo. La segunda ciudad italiana es también pionera en la recogida a domicilio de residuos orgánicos para el compostaje.

 San Francisco. La ciudad californiana se ha fijado la meta de “zero waste” para el 2020 y ha superado ya el techo del 80% en la reducción de residuos en los vertederos. Nueva York, Boulder, Austin o Phoenix (sede el Resource Innovation and Solutions Network) son otras ciudades norteamericanas que se han incorporado a la Red de Ciudades Circulares de la Fundación Ellen MacArthur.

 Singapur. Desde el 2015, la ciudad-estado avanza en su Plan Maestro de Sostenibilidad que está marcando el camino hacia el futuro, con la creación de sistemas para el reaprovechamiento del agua y una regulación estricta para la efectividad en el uso de los recursos. Los Jardines de la Bahía, con su bosque eléctrico de “superárboles” solares, es el emblema de las ciudades verdes asiáticas.

Rediseñar el sistema
En los últimos seis años, tras su paso por la Universidad de Alicante, Anna Tarí ha ido creando desde Londres la mayor red de economía circular del mundo, que reúne a 2.600 expertos en más de 60 países. En el Circular Economy Club (CEC) se dan la mano emprendedores, diseñadores, consultores y comunicadores de ese concepto que, según reconoce Anna Tarí, resulta tan simple como engañoso a la hora de explicar al gran público: “La economía circular va más allá del reciclaje. El paso primordial hay que darlo en la mesa de diseño. Se trata al fin y al cabo de rediseñar el sistema de principio a fin, para evitar la generación de “desechos”. El objetivo, al fin y al cabo, es eliminar el concepto de residuo… Estamos ante un gran reto, pero también ante un paso fundamental en la actividad de las empresas, que tiene que estar necesariamente sensibilizadas con el medio ambiente”.

 

 
Nicola Cerantola, fundador y dierctor de Ecologing.