El ser humano y la energía

El sábado pasado estuve recorriendo una pequeña parte de Soria, con un frío que pelaba: viento helado del norte el día 12 de Mayo. Era un meandro profundo del Chorro polar, que se mantendrá esta semana de San Isidro. 

Estuve viendo la preciosa ciudad de Berlanga, sede renacentista de los Duques de Frías. Desde la Colegiata se observan las ruinas del Palacio destruido por las tropas francesas en 1812, el castillo medieval y al fondo, una línea de molinos de viento. 

Los seres vivos necesitamos energía. De hecho, y al nivel más elemental, somos poco más que programas de software para capturar energía. Lo íbamos viendo según recorríamos el cañón del arroyo Talegones, entre un pueblo que no ha cambiado nada desde los tiempos de El Cid, Torrevicente, y la aldea de Lumías. En el trayecto, los pájaros se esforzaban en buscar comida, los buitres nos sobrevolaban, y el buitre egipcio, el alimoche, buscaba lo que habían dejado los buitres negros.

Se trata de capturar energía para duplicar el ADN de cada célula de cada ser vivo. 

En la época medieval de Berlanga la energía se sacaba de las plantas. Son éstas celdas fotovoltaicas, que extraen energía del Sol, mediante la fotosíntesis, y la almacenan en cadenas carbonadas, es decir, hidrocarbonos, y grasas.   

Berlanga tenía un castillo, que servía de fortaleza cuando los ladrones de uno y otro lado del mismo intentaban capturar más tierra, que significada esencialmente más energía en forma de más plantas que almacenaban la energía solar.

Hoy la energía del sol la capturamos, pero no la almacenamos.

La energía de las plantas sostenía una población, en España, de unos 7 millones de personas, viviendo bastante mal.

La energía del petróleo, que no es otra cosa más que energía solar fósil, nos permite hoy vivir a 46 millones, de los cuales 43 millones viven mucho mejor de lo que vivían los duques de aquellas épocas. 

La energía del petróleo se acaba y dejará de servirnos de aquí a 20 años. Necesitamos montar, urgentemente, otro tipo de celdas fotovoltaicas, esta vez, de silicio en vez de ser de carbono. Hoy aún tenemos energía de sobra para llenar las parameras, los eriales, las estepas improductivas por falta de agua, pero llenas de sol, de esas nuevas celdas, de esos nuevos sistemas para capturar energía. Luego irá siendo cada vez más tarde. 

Es asombroso: España tiene miles de kilómetros cuadrados que no sirven de nada, bañados en exceso de energía solar. Dense una vuelta por esos páramos de Soria, de Aragón, de Almería.

Con 10.000 kilómetros cuadrados (España tiene medio millón de km2) de páramos y estepas tenemos energía más que de sobra para todas nuestras necesidades. Recordemos que la riqueza (fijémonos en Arabia y los Emiratos) no es otra cosa más que energía.

Y nosotros aquí desperdiciando una riqueza que está al alcance de la mano, dejando sin usar las tierras baldías, el sol que cae a raudales. 

¿Podemos ser más tontos?