Más costosos pero mucho más sanos, los comestibles orgánicos avanzan.

Más costosos pero mucho más sanos, los comestibles orgánicos avanzan.

Tras comer una milanesa con papas fritas, su comida preferida, el resultado era siempre y en todo momento exactamente el mismo. Dolor de barriga.

Cuando era pequeña, me acostaba en la cama con mi madre a esperar a que se le pasase por el dolor producido. "Tenía un estómago sensible y la solución fue cambiar a una nutrición más sana, idealmente con productos orgánicos", cuenta.

Aunque la producción orgánica en la actualidad parece una nueva moda, los cultivos orgánicos no son recientes, sino que vienen de hace miles de años.

Con la revolución verde de mil novecientos cuarenta que introdujo agroquímicos y el monocultivo en la producción agropecuaria, la técnica orgánica se cambió por la que ahora tenemos.

La demanda de comestibles orgánicos se incrementa en base a la información que hay y la calidad de los productos. Los productos orgánicos no dañan la salud, atenúan el cambio ambiental, no contaminan el suelo ni el agua y tienen beneficios sociales, por el hecho de que dan empleo a pequeños y medianos productores, desincentivando de esta forma la migración del campo a la urbe.

Un caso de ese desarrollo es Whole FoodsMarket, una cadena de supermercados estadounidense que se dedica únicamente a la venta de productos orgánicos y que tienen más de trescientos sesenta locales en U.S.A. y Reino Unido; próximamente, va a abrir otros diez puntos de venta.

Por su lado, el Reino de Bután, en Asia, será el primer país en consumir y generar sólo comestibles orgánicos. Para ello, tendremos que esperar hasta 2020.

Hoy, España es uno de los grandes productores mundiales de comestibles ecológicos y asimismo la que mayor superficie y número de productores tiene en la UE. Los datos corroboran indudablemente el liderazgo en el ámbito, ya no solo a nivel europeo sino más bien mundial. Por servirnos de un ejemplo, España es el noveno país en el planeta en número de productores de productos ecológicos o bien el segundo país de Europa en número de certificados concedidos de agricultura ecológica.

Mas estas cantidades contrastan con las del consumo interno de España, que apenas alcanza el dos por ciento sobre el total y supone únicamente un gasto de veinte euros por persona por año.

A pesar de su buena situación internacional, es el cuarto país europeo que más préstamos recibe, con más de ciento cincuenta millones de euros entre dos mil siete-dos mil once (último periodo con datos oficiales de la Unión Europea). En esta clasificación están muy por delante Austria, Alemania y también Italia, todos superando la barrera de los doscientos millones de euros en ayudas pese a s mucha menor superficie que España dedicada a la agricultura ecológica. Estas cantidades reflejan la seria apuesta de la UE, en tanto que las previsiones en lo que se refiere a inversión en producción ecológica ascienden a más de mil millones de euros en el periodo entre dos mil catorce y dos mil veinte.

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